Reseña: King: Tributo al rey del terror de varios autores

Tenebris

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En esta antología, varios autores de diferentes latitudes convergen bajo la influencia de Stephen King y rinden tributo al famoso «maestro del terror». Los relatos, inspirados en el escritor norteamericano, se meten en una reunión de pacientes psiquiátricos, descubren seres sobrenaturales infiltrados en los movimientos militares latinoamericanos, narran experimentos espontáneos de física cuántica y presentan personajes oscuros como un doble maligno o demonios que acosan a niñas inocentes.

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“Todos los escritores tienen un pasadizo que baja al subconsciente. Pero el que escribe relatos de terror tiene un pasadizo que baja aún más”.

– Stephen King

Con esta frase inicia el libro King: Tributo al rey del terror, una frase bastante curiosa, pero real. Lo cierto es que ser un lector de terror conlleva tener una mente abierta y  tener una sed insaciable de emociones fuertes que van desde lo oscuro hasta lo mórbido, pero ser un escritor de este género implica…

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La última noche de Hipatia/Eduardo Vaquerizo

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La lectura de esta novela me trae a la mente la comparación que hace Isaac Asimov entre un vitral y el simple vidrio transparente de una ventana: la aparente sencillez de la prosa permite apreciar con mayor detalle el devenir de la trama, cautivante de principio a fin. Vaquerizo recrea (inventa, forma, produce) el ambiente de la Alejandría del siglo IV D.C. con un nivel de detalle tan minucioso, que el lector siente que convierte en un personaje más de la historia, capaz de caminar por sus calles apreciando el bullicio y la intensa vida de una ciudad marítima de aquella época, notando también la atmósfera crepuscular que le otorga la cultura griega afincada en Egipto, acaso en lo mejor de su floración, una ciudad conocida y reconocida a través de la historia como un centro del saber, al haber albergado una de las instituciones más fascinantes de la historia, la  Biblioteca de Alejandría, cuya destrucción muchos seguimos lamentando hasta el presente.

Existen sendos estudios y documentales que revelan la complejidad y esplendor de los conocimientos registrados y producidos en la biblioteca. Pero nada evidencia mejor su trascendencia, a mi juicio, que la vida y obras de muchos de sus ilustres usuarios, cuyos nombres son imprescindibles para la historia del conocimiento: Aristarco, Ptolomeo, Euclides, Eratóstenes… grandes héroes de un saber y de una actitud hacia el conocimiento que se cierra con Hipatia, la protagonista de esta novela. Un personaje singular, dedicada al saber, verdadera hija de la biblioteca. Una mujer sabia, descreída  y orgullosa. En suma, alguien digno de las iras santas de cualquier fanático religioso, como lo es el personaje del monje cristiano Cirilo.

Aquí no podemos negar la mano maestra de Vaquerizo para anudar dos tramas. De un lado, la del viajero del tiempo cuya misión inicial consiste en registrar los últimos días de la vida de Hipatia, pero que luego acabará involucrándose con ella de muchas y sorprendentes maneras; y de otro, la ascensión al poder religioso, en aquel contexto muy por encima del político, del líder cristiano Cirilo, quien de humilde monje del desierto pasa a convertirse en una prominente autoridad religiosa (posteriormente, sería canonizado como San Cirilo de Alejandría) en las postrimerías de un imperio romano que ha adoptado el cristianismo como religión oficial, y que apenas tolera los rezagos de la antigua religión pagana, si bien no menos absurda en sus mitos y dogmas, por lo menos tolerante frente a los otros cultos religiosos. Cirilo y otros cristianos apenas podrán contener su antipatía (y miedo) hacia una persona sabia y culta, que no se inclina ante ningún dios, y que para colmo, es sólo una mujer (es decir, no tiene padre, marido, hijos…).

Escribir una novela histórica es un gran reto, que se acrecienta si además se pretende incluir elementos de ciencia ficción. De hecho, existen diversas versiones y testimonios en torno a la figura de Hipatia y sus relaciones con los cristianos de su tiempo, que podrían no concordar con el desarrollo de la novela o las películas que se filmen. Pero esto no es obstáculo para disfrutar de esta entretenida aventura escrita por un grande de la ciencia ficción española como Eduardo Vaquerizo.

CloroFilia/Cristina Jurado

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Hace tiempo, estuvieron de moda unos juguetes confeccionados con un material plástico que, tras sumergirse un rato en el agua, aumentaban de tamaño, aunque nunca hasta alcanzar las ciclópeas dimensiones que pregonaban sus envases.

“CloroFilia” se asemeja a esos juguetes en que, pese a su reducida extensión (una novela corta que se puede leer en un par de horas), siempre acaba por ofrecer al lector mucho más de lo que parece contener. La habré leído ya unas cuatro veces, y en cada lectura le he encontrado un nuevo detalle, una nueva alusión, un nuevo giro que me llevó a sentir que la está leyendo por primera vez.

La trama es apasionante: en un futuro indeterminado, el clima de la Tierra ha sido drásticamente alterado. Terribles vientos huracanados recorren la superficie de nuestro planeta, al punto de hacer casi imposible la vida que conocemos. El origen de esa catástrofe es algo que carece de importancia, lo cierto es que ha diezmado a la humanidad, cuyos remanentes malviven en refugios subterráneos, acosados por el hambre, el hacinamiento y las enfermedades. La Tierra se ha convertido en un mundo oscuro y carente de esperanzas, salvo que tenga éxito el experimento realizado por el Doctor, el científico (loco) trasgresor de turno, experimento cuyo resultado está mas o menos sugerido en la portada del libro.

Se trata pues de una novela de supervivencia (entre otras clasificaciones), en la que está involucrado el destino de la humanidad, y que plantea más de una interrogante: ¿vale la pena sobrevivir en un mundo cuyo entorno se ha vuelto tan hostil? ¿vale la pena sobrevivir a costa de alterar de manera irreversible la “esencia” humana, su carne y su sangre? He escogido estas palabras de manera deliberada, pues de la lectura de “CloroFilia” se desprende que la carne y la sangre humanas van a ser reemplazadas por otro tipo de materia orgánica…

“CloroFilia” es también una novela de aprendizaje, cuyo protagonista principal, Kirmen, debe aprender, entre otras cosas, a ser el primero de su especie, el heraldo de la nueva humanidad que heredará la Tierra. Su vida es una tortura, pues sufre el constante rechazo de sus padres y de sus compañeros de escuela, aunque eso no le impide experimentar el amor, pese a que la expresión física de su deseo sexual sea bastante atípica en sus resultados.

El futuro imaginado por Cristina Jurado no es necesariamente decadente ni distópico,  en el sentido de carecer de solución, sino mas bien desafiante, un retorno a los tiempos primigenios en los cuales la vida era un constante reto mortal, cuando sobrevivir era la única recompensa para cualquier lucha. Sólo que esta vez, aún en medio de esas terribles condiciones de vida,  la humanidad cuenta con la Ciencia, sin cuyo auxilio sería capaz de vencer a ese mundo que amenaza con extinguirla. Vencerá, si, pero pagará un precio terrible por dicha victoria.

Dice el refrán “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, pero el caso de “CloroFilia” nos permite a cuestionar dicha afirmación. Porque se trata de una novela corta tan intensa y llena de significados, escenarios, especulaciones y sentido de la maravilla, con su drama más, que deja al lector con el deseo de haberse quedado un rato más en el mundo de Kirmen, esa Tierra azotada por la catástrofe que habría hecho las delicias de J.G. Ballard. En este caso, lo breve nos deja con ganas de más. Esperemos que pronto.

Visión ciega / Peter Watts

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De niño, solía oír en las conversaciones que sostenía mi padre con sus amigos, que existía un libro llamado “El Excálibur”, que debía permanecer en un barco porque no podía ser desembarcado, y que aquel que se atreviera a leerlo acabaría por volverse loco. “El Excálibur, el libro que produce la locura”, lo llamaban.

Muchos, muchos años después, pude enterarme que el dichoso libro había sido escrito nada menos que por L. Ron Hubbard, escritos de ciencia ficción que optó por la más lucrativa actividad de fundar la cienciología, Y que todas esas noticias sobre la locura a la que induciría el libro o su ubicación, al parecer,  no eran más que un buen truco publicitario. Para más detalles, pueden consultar el siguiente enlace: https://granmisterio.org/2013/05/24/el-libro-que-vuelve-loco-a-quien-lo-lea/

En todo caso, me quedó para siempre la idea de que podían existir libros cuya lectura podría constituir, efectivamente, un duro golpe a las creencias o la psique de quien lo leyera, un libro que alterase el cerebro incluso a nivel neuronal.

“Visión ciega” de Peter Watts, si bien no tiene la pretensión casi ocultista de las obras de Hubbard, si que es un libro peligroso en ese sentido, casi como todo lo que había podido leer de este autor en la estupenda antología que publicó la (tristemente cerrada) editorial de libros electrónicos Fata Libelli, bajo el título de Ad Astra – Cuentos de ficción científica.

Y es que Peter Watts, como biólogo marino, sabe de lo que habla. Y básicamente, de lo que habla es del hombre, del ser humano y su “auténtica” naturaleza, aquella que los científicos están apenas descubriendo y que no se parece en nada a lo que hasta ahora hemos considerado éramos los humanos.

La novela podría (ojalá) simplificarse como una novela “de primer contacto”. Como se lee en la contraportada, un buen día del futuro la Tierra entera aparece cubierta por miles de sondas que registran toda su superficie, a manera de fotografía global. Nos enteramos así de que no estamos solos en el universo, y de que el origen de las sondas esté en los linderos de nuestro sistema solar, a donde se envía una nave… integrada por una peculiar tripulación.

Y es aquí donde acaba cualquier similitud con otras novelas del género. La tripulación de la nave Teseo es humana, pero cada uno de sus integrantes es un caso psiquiátrico, especialmente desarrollado para el éxito de la misión. El líder es un vampiro (sic), resucitado del pasado terrestre merced a la ingeniería genética. El protagonista aparente es Siri Keeton, a quien le falta medio cerebro y puede establecer correlaciones y pautas de comportamiento o lenguaje, sin manifestar mayor personalidad. Otra tripulante tiene cuatro personalidades, y así. A su vez, los extraterrestres contactados son eso, alienígenas, seres evolucionados en otro entorno, con otras motivaciones y con otras actitudes frente a su propia existencia y frente a lo que sería alienígena para ellos, es decir, nosotros, los humanos.  No son humanos disfrazados o trasuntos de nuestras proyecciones. Peter Watts se ha dado el gran esfuerzo de investigar, como leemos en los apéndices añadidos a la novela, en los campos de la biología, la neurología, la psicología y otras materias no muy inteligibles, ni siquiera para el propio Watts, como el mismo se encarga de precisar. El inevitable enfrentamiento entre humanos y extraterrestres no es sino una extraña sucesión de revelaciones… respecto a la naturaleza humana, nuestro lugar en la cadena evolutiva, y lo peor de todo, si nuestra “personalidad” no es más que un accidente, una rémora de la cual carecerían otras especies inteligentes, frente a las cuales tendríamos la misma relación que tiene una presa con su predador.

Una novela que ha remecido el ámbito de la ciencia ficción.

Colofón: tras la lectura de “Visión ciega”, conversé sobre muchas de las teorías que aparecen en el libro con mi hijo Piero, quien estudia Psicología. Le pregunté cómo las veía el desde su futura profesión, si lo que llamamos personalidad no es más que un accidente evolutivo, qué trascendencia o destino tendría cualquier acto humano. Me expresó que eran teorías muy interesantes, pero que a lo más el las trataba como meras especulaciones. “Los psicólogos orientamos a la gente para que sean felices”, o algo así. “Si partimos de la intrascendencia humana, no podríamos apoyar a nadie”. Me emocionó mucho esa respuesta, equivalente para mí a horas de terapia. 

 

Cielos de la Tierra / Carmen Boullosa

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La novela recurre a un interesante artificio narrativo, muy similar al de “Claridad tan obscura” del escritor peruano Carlos Herrera, novela en la cual los sobrevivientes de una catástrofe mundial, encerrados en un ignoto refugio, reflexionan en torno a diversos temas, mientras que uno de ellos encuentra una biografía novelada del misionero jesuita Antonio Ruiz de Montoya. La situación original se convierte en un pretexto para la lectura/narración de la biografía, la cual se convierte en el tema principal de la novela.

En “Cielos de la Tierra”, hay tres momentos (pasado, presente y futuro) narrados desde el punto de vista de algún personaje. El pasado consiste nada menos que en el período de tiempo inmediato a la conquista de México, narrado por un cronista singular, un indio noble llamada Hernando de Rivas, perteneciente a la primera (y acaso última) generación de estudiantes del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, interesante pero fallido experimento de asimilación cultural: a Hernando de Rivas se le imparte la mejor educación posible, que no puede aprovechar de ninguna manera por su condición de indígena. Sus alocuciones en latín, por ejemplo, son tomadas como meros ejercicios mnemotécnicos, sonidos que podría hacer una urraca o un perico. El presente, apenas dibuja a una investigadora que ha rescatado para la posteridad el manuscrito de Hernando de Rivas.

¿Y el futuro? Un mundo devastado en su superficie, en el cual se sitúa la Atlántida, llamada a veces l´Atlantide, en la cual mora Lear, la última depositaria y lectora del manuscrito de Hernando de Rivas. Un futuro lleno de tecnologías a veces incomprensibles, y que en un principio parece un mero decorado, una piedra de toque desde la cual leer el texto de Hernando de Rivas. Pero hacia la mitad de la novela, Lear y su mundo futuro cobran un singular protagonismo: se suscita una suerte de revolución que se basa nada menos que en la abolición del lenguaje y la memoria. Y en este punto, la novela, publicada en 1997, deviene en premonitoria: Lear observará con horror y desesperanza que sus coetáneos caen en un estado peor que la barbarie, puesto que sin lenguaje ni memoria, la actividad cerebral deviene en mera reacción. La descripción que se hace de esta nueva humanidad, precisamente, no parece diferir de nuestra creciente ansiedad en torno a las redes sociales y al uso perpetuo de aparatos como los smartphones. La comunicación reducida a gruñidos y gestos, incluso signos simplificados similares a los “emoticones”, la existencia convertida en una mera expectativa de estímulos externos, y la sensación de impotencia de Lear frente a esta transformación (similar, por cierto, a la desazón de Hernando de Rivas frente al ocaso de su mundo), hacen de “Los cielos de la Tierra” una novela de sorprendente actualidad.

(Actualización del día 13 de febrero de 2018: La versión en Inglés de esta novela figura como precandidata al Premio Hugo 2018, según información proporcionada por Alberto Chimal en el artículo “La lista de Hugo Gernsback“, publicado en el magazine Literal – Latin American Voices/Voces Latinoamericanas)

Los vientos del cambio / Isaac Asimov

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Isaac Asimov (1920 – 1992) es un escritor que no necesita presentación. Novelista, cuentista, divulgador, bioquímico. Recordadísimo por su ciclo de las Fundaciones y por sus novelas y cuentos de robots positrónicos. Por lo visto, mantuvo una envidiable actividad literaria hasta avanzada edad, como lo prueban los cuentos de Los vientos del cambio, escritos incluso en la década de los ochenta del siglo XX. En dichos relatos, mantiene un chispeante sentido del humor – aunque con referencias un tanto incomprensibles para el lector no anglosajón – , incorpora extraterrestres a su narrativa, algo de fantasía y, lo mejor de todo, cobra por publicar.  Como él mismo suele expresar en las deliciosas introducciones a cada uno de sus cuentos, “me pagaron muy bien” por cada relato. Así quisiera acabar mis días como escritor.

Los relatos incluídos en el volumen son:

– Acerca de nada (About Nothing), 1977
– Encajar perfectamente (A Perfect Fit), 1981
– Creencia (Belief), 1953
– Muerte de un foy (Death of a Foy), 1980
– ¿Intercambio justo? (Fair Exchange?), 1978
– Para los pájaros (For de Birds), 1980
– ¡Localizados! (Found!), 1978
– Buen gusto (Good Taste), 1976
– Cómo ocurrió (How It Happened), 1978
– A las ideas les cuesta morir (Ideas Die Hard), 1957
– ¡Punto de ignición! (Ignition Point!), 1981
– Se está acercando (It Is Coming), 1979
– La última respuesta (The Last Answer), 1979
– La última lanzadera (The Last Shuttle), 1981
– Por miedo de que recordemos (Lest We Remember), 1982
– Nada por nada (Nothing for Nothing)
– Una noche de canto (One Night of Song), 1982
– La sonrisa que pierde (The Smile That Loses), 1982
– Absolutamente seguro (Sure Thing), 1977
– Decirlo de un vistazo (To Tell at a Glance), 1983
– Los vientos del cambio (The Winds of Change), 1982

De los cuales destaco Buen gusto (¿cómo serán las sociedades de las futuras colonias terrestres en el espacio? ¿cómo se abastecerán de alimentos?), La última lanzadera (¿qué pasará cuando el último ser humano abandone la Tierra?) y Los vientos del cambio (si un viajero retrocediera en el tiempo y cambiase la realidad, ¿nos daríamos cuenta?).

En cualquier caso, los cuentos de Isaac Asimov no tienen pierde.

Crónica de Tierra 2 / Jordi Sierra i Fabra

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Curiosa novela de ciencia ficción, publicada en 2005 (¡hace más de diez años!), y recientemente distribuida en el Perú. Y digo curiosa por la manera en que ha sido redactada: si bien trata acerca de una civilización de robots, estos se comportan de una manera mas bien “humana”, al punto que en ocasiones no puede sino esbozarse una sonrisa al leer que un robot se “asombra”, o grita, o manifiesta una serie de comportamientos nada “lógicos”.

La fórmula no es nueva, habiendo sido empleada por Stanislaw Lem en sus “Fábulas de robots” y por Fritz Leiber en la divertida y picaresca “Los cerebros plateados”. Es al recordar ambos precedentes cuando el lector cae en la cuenta que el objetivo principal de estas novelas no es plasmar un robot en el sentido de la ciencia ficción dura, sino que emplea al robot en cuanto “hombre mecánico” (caricatura e idealización del ser humano) para narrarnos una fábula, un cuento de hadas, una leyenda. No en vano el título de la novela es “Crónica de Tierra 2”, título poético y revelador donde los haya.

¿Y qué sucede en Tierra 2? Pues que una “raza” de robots, liberada de sus creadores humanos, de quienes guardan atroces recuerdos como seres crueles, explotadores e irracionales, lleva siglos viviendo en una paz que, vista desde otro ángulo, no parece ser sino un síntoma de estancamiento. La civilización robótica, expuesta a este colapso, enfrentará dos situaciones inéditas: la propuesta de una científica (si, hay géneros entre las máquinas) de volver a recrear a los seres humanos, ilógicos e impredecibles, pero valiosos por esas mismas características. A esta excepcional propuesta se suma un acontecimiento excepcional, como el “asesinato” de un infeliz robot, forzado a cesar del todo su funcionamiento hasta la total extinción de su conciencia, una idea atroz para las mentes robóticas.

Así, la investigación de este crimen y el debate en torno a permitir la existencia de seres humanos en Tierra 2 acabarán por resolverse de manera sorprendente, conjugando tanto la investigación policíaca como la reflexión filosófica respecto a la naturaleza humana, la relación hombre – máquina y otras meditaciones humanísticas.

Daniel Salvo