El pueblo del polo / Charles Derennes

polo

Curiosa joya del pulp no anglosajón escrita a principios del siglo XX, es decir, cuando no existía el pulp propiamente dicho. No deja de notarse, sin embargo, el paso de los años, reflejado en la sensibilidad en extremo romántica que evidencian los protagonistas, muy adecuada para impulsarlos a la acción, pero un verdadero lastre para darle un poco de coherencia a sus reacciones.

Jean – Louis de Vénasque y Jacques Ceintras son dos jóvenes franceses, uno proveniente de una familia de terratenientes venidos a menos, mientras el otro apenas cuenta con lo que lleva puesto. A ambos, sin embargo, los une una gran imaginación y un espíritu aventurero, lo cual se evidencia en los primeros primeros capítulos, los cuales son de una potencia insuperable, capaz de hacer sentir al lector que es parte de la aventura en la cual planean embarcarse – literalmente – nuestros protagonistas: sedientos de aventuras y con ganas de explorar nuevas tierras, deciden viajar hacia lo desconocido, hacia uno de los últimos espacios vírgenes que quedan en el mundo, el Polo Norte. Y deberán hacerlo rápido, pues son conscientes de que otros aventureros están haciendo planes al respecto, y no era cosa de perder la gloria de ser los primeros seres humanos en explorar tan inhóspitas regiones.

Sin embargo, tras esos primeros capítulos de aliento épico, la novela baja de tono abruptamente. Los capítulos subsiguientes, si bien necesarios para seguir el derrotero de los aventureros en su ruta al Polo Norte, son bastante insulsos en sus detalles, aunque cumplen bien con la función de irnos informando respecto a las personalidades de ambos protagonistas, información indispensable para entender el conflicto final, el cual, de otro modo, se nos antojaría de un absurdo total. Vale destacar la detallada descripción del vehículo volador que emplean ambos protagonistas para viajar al Polo Norte, en un estilo que recuerda al Verne más clásico.

El hecho es que recién a la mitad de la novela, nuestros protagonistas trasponen al fin los límites de la tierra conocida, para adentrarse en esa terra incognita, un mundo bañado por una perpetua luz violeta de variable intensidad. Si. Han llegado a un mundo más allá de los polos, a la Última Thule, a Caprona, a Hiperbórea o como quiera que el imaginario occidental haya nominado a los eternos hielos árticos… o a lo que, supuestamente, ocultan.

Aquí el autor recupera algo del aliento épico del inicio, así como el amor por lo maravilloso, para describirnos un mundo auténticamente alienígena, pese a estar situado en nuestro planeta. Desde la geografía de las nuevas tierras, plagada de volcanes en actividad e impetuosos géiseres, hasta sus peculiares moradores, una especie de reptiles bípedos e inteligentes.

El sentido de la maravilla – y del horror – se hace presente al fin en la pluma de Derennes. De la simple descripción visual pasa a adentrarse en el funcionamiento de ese nuevo mundo. Desde las inmensas máquinas que basan su movimiento en la actividad volcánica hasta la inhumana y fría civilización de unos seres reptiloides cuyas motivaciones y cultura siempre quedarán en el ámbito del misterio, pese a que, incluso a ojos de esos extraños visitantes carentes de escamas y de cola, no tienen nada qué ocultar. El pueblo del polo no persigue a los humanos, ni siquiera parece cuestionarse su repentina presencia, aunque, como los morlocks de H. G. Wells, si que prestan atención al ingenio volador que los ha transportado, al punto de aprovechar un descuido de los aventureros para apoderarse de su vehículo.

Si bien la acción parece orientarse hacia una eventual lucha entre humanos y reptiles por la posesión de la máquina, el autor da un vuelco radical al solucionar este conflicto de una manera mas bien anticlimática, para – ahora sí – enrumbar la acción hacia un duelo de voluntades, el cual, sin bien no deja de ser sorpresivo, es completamente irrelevante para quienes esperábamos una novela de aventuras al estilo pulp norteamericano. Cuestión de idiosincracias, supongo.

La acción pues se vuelve errática y acaso ininteligble, pues cuesta seguir los razonamientos de ambos protagonistas. Sin embargo, no deja de tener su mérito el adentrarse en el difícil territorio de la novela de aventuras, impulsada tanto por los descubrimientos geográficos y científicos del siglo XIX, como por un tardío nacionalismo, satirizado a través de Jean – Louis Vénasque, personaje que encarna también el ocaso de Francia frente a otras naciones.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s