Mi nombre es legión / Roger Zelazny

9788435020749

Publicado originalmente en 1976, se trata de un libro con una historia bastante curiosa. Está compuesta por tres cuentos, el último de los cuales, “El regreso del Verdugo”, obtuvo los premios Hugo y Nébula, lo que se justifica sobradamente una vez leído el relato.

¿Qué pasa con los otros cuentos? Pues que parecen haber sido elaborados para “explicar” algunas cosas del tercero, aunque no se trata de precuelas. Ya es imposible, para mí, saber si la lectura de los dos primeros era realmente necesaria o no para la comprensión del tercero. El caso es que, sin ser malos, me han parecido bastante aburridos, pese a que la acción y los diálogos prácticamente no dejan tregua al lector. Me refiero a “La víspera de Rumoko“ y  “Kjwalll’kje’koothaïlll’kje’k“, en los que se pretende “crear” al personaje principal, una suerte de agente secreto que trabaja (cuando lo desea) para una no menos misteriosa organización de la cual apenas se nos dice el nombre del contacto. En estos dos cuentos, los elementos de ciencia – ficción son poco menos que un decorado – la existencia de ciudades submarinas, la explotación de las corrientes volcánicas, la telepatía y la comunicación con otras especies – para aventuras más cercanas al thriller de espías. Los párrafos dedicados a explorar y desarrollar al personaje, en cambio, son densos y alambicados, como si el autor hubiera sucumbido al prurito de dotar de excesiva “entidad” a su personaje, al punto de sacrificar la acción y la tensión necesarias para el desarrollo de un buen relato de aventuras.

En cambio, el tercer cuento, “El regreso del Verdugo”, mantiene una frescura que justifica el tedio de los anteriores. Tiene psicología, filosofía, robótica y un buen y sorpresivo final. Resulta que un grupo de científicos ha desarrollado un robot más que alejado de las tres leyes de la robótica proyectadas por Isaac Asimov, el cual, al volverse autónomo, decide desobedecer a sus creadores y, tras una serie de “traumas”, parece desarrollar un deseo de venganza que lo lleva a asesinar, uno a uno, a sus creadores. ¿Cómo puede un robot – no un androide – pasar desapercibido entre la multitud, cómo es que no puede ser detenido? Zelazny resuelve estas interrogantes de manera magistral, dándole al cuento una conclusión punto menos que perfecta, sobre todo cuando se trata de describir la posible evolución de una Inteligencia Artificial, de un estado asimilable a la infancia, a una adultez no carente de traumas, por increíble que pueda sonar.

Con sus altibajos, “Mi nombre es legión” es un libro cuya lectura depara, para quien tenga la paciencia necesaria, una de las mejores aventuras de la ciencia – ficción de la Nueva Ola, precedida, eso sí, por dos extensos y algo intrascendentes prólogos.

Todo lo que no tiene fin / Rodrigo Feres

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Todo lo que no tiene fin

Rodrigo Feres

Ediciones Altazor, 2017

 

Lola MTZ – 01. Un mundo a través de una mirada

Nahari. La decisión empieza con usted

Naloyas. Otro mundo dentro de nuestro mundo

 

Tres novelas cortas, narradas de una manera más que novedosa, en la que se aúnan tanto la destreza narrativa como la incorporación de efectos (códigos QR) que le otorgan a la idea de trascendencia del texto, que lo convierten en el hipertexto augurado por visionarios, donde ya no solo hablamos de “lectura”, sino de una “experiencia” que va más allá de la vista, de la lectura pasiva.

Precisamente, el primer cuento, “Lola MTZ – 01”, trata de esto, de la inserción en un organismo vivo – una perrita cuyo nombre es Lola – de una prótesis que le permite recuperar el sentido de la vista.  Pero en este caso sucede algo que va “más allá”: el implante genera un efecto en el animal que le otorga el acceso a un mundo invisible, el cual, curiosamente, comprende mejor que un humano, puesto que percibe este mundo invisible con el instinto y una “personalidad” propias, manifestaciones que evidencian que los animales no son simples “máquinas animadas”, que diría Descartes, sino entidades plenas de vida, no inferiores al hombre.

El segundo cuento, “Nahari”, también nos habla de la trascendencia, sin dejar por eso de ser una gran aventura. Un niño recibe un don, sin saber que en el futuro, este don llevará a una transformación inimaginable, ocurrida tras un gran dolor. Muchos mundos se interconectan con el nuestro, y lo visible es apenas una fracción de lo que existe.

Finalmente, en el relato “Naloyas”, el sentido de la maravilla, y una reflexión en torno a nuestros prejuicios humanos, se convierte en narración. En esta historia, una expedición arqueológica descubre una entrada a un mundo subterráneo, habitado por una raza de seres inteligentes, los cuales difieren de los humanos en detalles minúsculos, como la forma de las pupilas o la pilosidad corporal. Estos seres,  los naloyas, que además han desarrollado una civilización muy avanzada, son pacíficos por naturaleza, dado que los instintos de unión y fraternidad forman parte de su estructura genética, por lo que han ocultado su presencia en la Tierra durante milenios, sabiendo de la belicosidad y egoísmo de los homo sapiens. Sin embargo, no son inmunes a otros sentimientos humanos, como el amor. Precisamente, el amor que surge entre un humano y una naloya será el desencadenante de un conflicto que podría llevar tanto a la invasión del idílico mundo de los naloyas como a un drama pasional inusitado. Nuevamente, lo mejor que queda en el espíritu humano – y naloya – entrará en juego para corregir esta situación.

Tres historias que nos hacen pensar en torno a la vastedad de la existencia, en torno a lo que significa estar vivos, en este y en otros mundos.

Daniel Salvo

(Texto leído durante la presentación de Todo lo que no tiene fin, del escritor brasileño Rodrigo Feres, el domingo 30 de julio de 2017 en la XXII Feria Internacional del Libro de Lima).