Aurora / Kim Stanley Robinson

 

aurora

La última entrega de Kim Stanley Robinson, ya bastante famoso por la trilogía de novelas compuesta por Marte rojo, Marte verde y Marte azul, en las cuales se anticipa la actual fiebre en torno a la colonización del planeta Marte, sigue poniendo el acento en la aplicación de los últimos avances y prospectivas científicas en torno a una de las empresas pendientes para la humanidad: la conquista del espacio. Como recuerda uno de los personajes “la Tierra es la cuna de la humanidad, pero no podemos vivir en la cuna para siempre”. Por consiguiente, y ya adentrándonos en la novela, la Tierra ha enviado al espacio una serie de naves – arca con la finalidad de hallar planetas que cuenten con condiciones similares a las de nuestro mundo para una eventual colonización. El viaje al sistema Tau Ceti, en el cual se encuentra el nuevo mundo a colonizar, le toma a la nave Aurora cerca de doscientos años, por lo que la tripulación, que no está en animación suspendida sino plenamente consciente, se renueva de manera constante, aunque sin excederse de un determinado número de personas, quienes habitan distintos ambientes de la nave, llamados biomas, que reproducen lo más fielmente posible las condiciones terrestres.

El estilo seco y objetivo de Robinson es, acaso, el más preciso para narrar esta epopeya, que a diferencia de otras novelas similares sobre naves generacionales, carece de héroes rebeldes o encuentros con extraterrestres hostiles. Al contrario, los problemas en la nave surgen de situaciones tales como la escasez de combustible, la fatiga de materiales, el deterioro genético de una población irremediablemente reducida, los cambios en la velocidad de la nave y el hastío que produce en nosotros la existencia en un entorno cerrado, aun cuando todas nuestras necesidades biológicas están cubiertas.

El realismo con el Kim Stanley Robinson extrapola los posibles resultados de una empresa de semejante envergadura ha ocasionado que muchos lectores hayan experimentado cierta decepción con Aurora,  de la cual esperaban quizá que tuviera un final feliz (tampoco es que tenga un final trágico, por cierto), o una fuera una novela “de acción”. En todo caso, Aurora sirve para recordarnos que en esta nave que es la Tierra, toda acción tiene un efecto, y que hasta el último y más humilde remache cumple una función importante.

La acción se narra desde diversos puntos de vista, de los cuales destaca el de la tripulante Freya, a quien conocemos desde los inicios de la pubertad hasta su juventud, constituyéndose en la principal piedra de toque para que el lector conozca el interior de la Aurora, la nave, descrita como dos entornos circulares que giran en torno a un eje, lo cual genera la fuerza de gravedad necesaria para la subsistencia de la tripulación. En ambos ambientes se han habilitado sendos biomas, que como ya se dijo, reproduce el ambiente correspondiente a alguna zona geográfica terrestre. Resulta interesante la idea de Kim Stanley Robinson de dotar a cada bioma de una cultura propia, acorde con el ambiente recreado. Así, los moradores de un bioma que recrea el ambiente terráqueo equivalente a las regiones polares tienen una cultura distinta a quienes viven en biomas con climas desérticos o acuáticos.

Dos situaciones ponen a la tripulación de Aurora en tensión. De un lado, la sucesión generacional. La primera generación de voluntarios en el proyecto de colonización, al parecer, no contó con que muchos de sus descendientes terminarían por cuestionar su incorporación forzosa a una misión de la cual nunca pidieron ser parte, y que implica poner sus vidas en constante riesgo. De otro lado, la proximidad del arribo de la nave Aurora a su destino, un sistema sistema planetario que contiene mundos con posibilidades de colonización.

Con Aurora, Kim Stanley Robinson proyecta de manera muy realista el impacto que tendría en nuestra cultura los intentos por colonizar mundos lejanos, así como los retos que tendrían que afrontar esos primeros exploradores. No el enfrentamiento catastrófico con enemigos improbables, ni la desesperación por huir de un planeta moribundo, sino el eterno destino de la existencia humana: ir más allá de donde nacemos, salir de la certeza para enfrentar lo desconocido. Y puede que lo desconocido no sea otra cosa que la propia Humanidad, siempre impredecible en sus reacciones ante el fracaso o el logro de sus más ambiciosos sueños.

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4 thoughts on “Aurora / Kim Stanley Robinson

  1. Fantástica reseña! Disfruté muchísimo la saga Marte rojo (…), y eso que la ciencia ficción hard no es lo mío. Me enamoraron las descripciones del entorno físico marciano, con todos esos conocimientos geológicos y biológicos. Aurora la tengo pendiente para leer desde hace tiempo. Muchas gracias por recordármela. Ya es hora de que le haga un hueco.

    1. No tiene desperdicio, genera tantas ideas… Y este domingo el canal Nat Geo transmite el primer capítulo de la serie Mars. (Ya no traducen los nombres…).

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