Las visiones / Edmundo Paz Soldán

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Presentación de “Las visiones” de Edmundo Paz Soldán

 (Texto leído en la Feria Internacional del Libro de Lima, el 26 de julio de 2016)

Este ha sido un buen año para la ciencia ficción a nivel mundial. Paolo Bacigalupi nos trae “Cuchillo de agua”, sobre las implicaciones de vivir en un mundo donde se ha agotado el líquido elemento. Ian McDonald publica el primer libro de la saga “Luna”, que gira en torno a conflictos económico-políticos surgidos de la explotación y colonización de nuestro satélite. Kim Stanley Robinson publica “Aurora”, una nave generacional en busca de un planeta para colonizar, pero que lejos de ser una historia épica como una space-opera, es mas bien oscura y melancólica, pues trata el tema del desgarro entre el abandono y la soledad del migrante y las implicancias de convertirse, aunque uno no lo quiera, en un invasor, a pesar de su sofisticado entorno tecnológico.

¿Por qué mencionar a estos autores anglosajones en la presentación de un libro escrito por un autor latinoamericano, de la hermana república de Bolivia para ser más preciso? Pues porque, en mi concepto, “Las visiones” de Edmundo Paz Soldán forman parte de este paquete de nueva ciencia ficción, no como furgón de cola o mero ejercicio imitativo, sino en pie de igualdad.

Y es que la temática de los cuentos que conforman “Las visiones”, ambientadas en el mismo escenario de la novela “Iris”, tiene la misma ambición : describir la existencia en un universo poco acogedor y desesperanzado, en el cual la huella de la presencia humana se traduce en contaminación, daños a la ecología y, lo peor de todo, la explotación del hombre por el hombre y sus consecuencias: racismo, manipulación, pobreza y enfermedad.

Los personajes y ámbitos que pululan en estas “visiones” son congruentes unos con otros. Pueblos áridos y paupérrimos que son caldo de cultivo de conflictos y violencia. Explotaciones mineras que generan muerte y enfermedad. Una jerarquía gubernamental omnipresente que ejerce el poder sin aportar orden ni justicia. Un mundo que ha creado su propio lenguaje y su propia religión, basada en la crueldad y el escapismo que proporcionan las drogas. Una población que, en respuesta al sometimiento y la explotación, reacciona con mezquindad y crueldad. No hay héroes de ningún tipo en Iris o en las otras ciudades que se mencionan. Todas las visiones del libro son inmisericordemente distópicas.

Resulta curioso constatar que, a diferencia de la literatura realista de hoy en día, más bien  intimista y basada en el yo,  la nueva ciencia ficción opta por un enfoque más realista, tratando temas como la explotación, el racismo, la ecología; sin perder la poética de la ciencia ficción, el sentido de la maravilla, o más teóricamente, el novum.

Por poner un ejemplo, el cuento Artificial, que inicia con un problema “real”. En un mundo violento, donde cada día ocurre algún evento desafortunado, una persona es abaleada y queda al borde de la muerte, pero hay la esperanza de “salvarlo”. ¿Cómo? Convirtiéndolo en un “artificial”. Un artificial es como se denomina a alguien a quien se le implanta alguna prótesis, no solo mecánica, sino cerebral. El ser resultante pasa a ser parte humano, parte artificial, variando su consciencia según los porcentajes de cada parte que lo compone. Según el porcentaje que predomine, ¿se sigue siendo humano, u otra cosa? Del problema social (vivir en una sociedad violenta) pasamos al problema personal, psicológico, la búsqueda de la identidad. ¿Qué es el yo? ¿Qué es ser humano? ¿Cómo reaccionamos ante un ser querido que, a efectos prácticos, ha “resucitado” de entre los muertos?

Otro cuento memorable es Doctor An. En él se evidencia que, si olvidamos la ética, los avances científicos más radicales sólo servirán para engendrar nuevos modos de explotación humana y de alienación, capaz de afectar tanto a explotadores como explotados. La ciencia sin conciencia siempre se volverá, como el monstruo de Frankenstein, contra sus creadores.

No van a leer a un epígono de algún autor de ciencia ficción o fantasía anglosajonas, ni van a leer un ejercicio literario primerizo, sino que van a leer a un autor en plena madurez: van a leer a Edmundo Paz Soldán.

 

Daniel Salvo

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