Juego de tronos/George R.R. Martin

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Si, los libros de la saga Canción de hielo y fuego llevan mucho tiempo en circulación. Pero, mea culpa, recién he iniciado su lectura, porque la pila de libros por leer que tengo pendientes daba y da para un largo periodo de tiempo. Ya se viene la sexta entrega de esta genial saga y recién acabo de terminar el primer volumen. Mea culpa.

Diré en mi defensa que George R.R. Martin no es un desconocido para mí. De hecho, su obra de ciencia ficción me es más familiar que la fantástica: suyos son los clásicos indiscutibles Muerte de la luz y Los viajes de Tuf, además de esa genialidad titulada Los reyes de la arena. Temas como la creación de sistemas planetarios, la manipulación genética y la religión han sido tratados por Martin de manera magistral.

No podía ser diferente con Canción de hielo y fuego, saga que en su versión televisiva se ha convertido en un fenómeno de masas imposible de ignorar. ¿Quién no ha oído hablar de personajes como Daenerys Targaryen, Tyrion Lannister o Jon Snow? En lo que a mí respecta, tampoco me he atrevido con la serie para que ningún maldito spoiler me arruine la sorpresa, aunque como dicen por ahí, al final todos mueren… Bueno, en todo caso, si non e vero, e ben trovato.

Martin es un escritor genial, engañosamente sencillo. Su prosa parece simple hasta parecer minimalista, alejado de florituras y ampulosidades; empero, puede tener al lector prendido de más de seiscientas hojas impresas con letra menuda sin que este se de cuenta del paso del tiempo. Lo que Martin narra a lo largo de la saga – sólo he leído la primera novela, pero me hago a la idea de lo que sigue – es un verdadero juego de tronos, en el que juegan caballeros, traidores, sacerdotes, villanos, prostitutas, taberneros, hermosas damas, astutos enanos, caballos y … dragones. De los de verdad, esos que vuelan y echan fuego.

Pero el elemento fantástico está, más que dosificado, diluido en la acción. Además de los dragones, hay unos monstruos legendarios que al final resultan no serlo, cadáveres resucitados, magos y otros misterios. Pero estos elementos parecen ser un condimento para las astucias, combates, traiciones, dramas y miserias de los pobres personajes, tan obsesionados por el poder que no parecen vivir para otra cosa – cínicamente, podríamos preguntarnos quien no – . Es lo que los norteamericanos llaman low fantasy (baja fantasía), relatos y novelas en los que el elemento fantástico existe pero no abunda, a diferencia de casos como el canónico El Señor de los Anillos. Además, tenemos que los personajes creados por Martin tienden a alejarse de cualquier rasgo o gesto propio de la fantasía heróica clásica: desde el más encumbrado noble hasta el más humilde plebeyo, la ruindad y el oportunismo no tardan en formar parte de su comportamiento habitual. Nadie merece vivir o morir más que los otros en el mundo de Westeros.

Cabe preguntarse muchas cosas, entre ellas, el impacto en nuestra cultura de esta saga, muy alejada de las nociones de honor y de los valores “cristianos” que solíamos atribuir a las historias de caballeros medievales, las cuales son el referente más inmediato que surge en la mente del lector cuando se enfrenta al universo y los personajes creados por Martin.

Si aún no ha leído la saga o visto la serie, ¿qué espera? El mundo está siendo cambiado por Martin. No se quede fuera. Es una lectura entretenida y sabia a la vez. Como debe ser una obra maestra.

Daniel Salvo

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