El sueño de las estirpes / Raúl Quiróz Andía

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El momento actual de la literatura peruana nos muestra una faceta inédita: la publicación constante y creciente de cuentos y novelas del género fantástico, además de un nuevo corpus académico que analiza dicha vertiente narrativa.

Raúl Quiróz ha querido jugar con personajes icónicos de la narrativa y cinematografía de terror, a saber, la bruja,  el hombre – lobo y el vampiro. ¿Se puede decir algo nuevo de tales seres, en este siglo XXI que hasta se ha atrevido a convertir al seductor vampiro en un emasculado adolescente? Esta novela demuestra que sí, que los mitos creados por la humanidad (¿son sólo eso?) son inagotables, y que nos acompañarán por mucho tiempo.

De hecho, los protagonistas – los buenos – son aquellos seres que en otros tiempos eran el origen de nuestras pesadillas. Y es que el autor nos ofrece un mundo nuevo, que se cruza con el nuestro, pero que sigue sus propias reglas, con el incitante añadido de situar gran parte de la acción en nuestro país, de manera que los nombres clásicos de estos otrora monstruos son otros, además de estar más expuestos al dolor que, existencialistamente hablando, supone el simple hecho de estar vivo y tener consciencia. Más peligrosa que una bala de plata es la soledad, más dañino que una estaca en el corazón es el aburrimiento que conlleva la inmortalidad, más atroz que ser quemada en una hoguera es padecer la condición de ser mujer en un contexto machista, pleno de otro tipo de violencia. Sin contar el hecho  de que, por cada monstruo, hay otros, acaso más poderosos y enigmáticos, en los que se aprecia una marcada influencia lovecraftiana.

La ambientación en distintas épocas y lugares de nuestra geografía añaden un toque de exotismo que enriquece a esta ya de por sí emocionante novela. Esperamos una continuación.

(publicado originalmente en la columna “Mundos imaginarios” del Diario Oficial El Peruano, en la edición del día domingo 20 de marzo de 2016)

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Shutter Island / Dennis Lehane

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Una recomendabilísima lectura de verano, o de otoño, si nos atenemos al calendario. Una novela policíaca que, sin embargo, tiene más de un guiño hacia la ciencia ficción, en particular, la ciencia ficción desarrollada por Philip K. Dick, enfocada en el cuestionamiento constante de lo que consideramos es la realidad, tanto externa (el mundo y los otros) como interna (nuestra identidad). Si algo está garantizado en esta novela, es un impactante y sorpresivo final.

Shutter Island es una pequeña isla cercana a las costas de Boston, en los Estados Unidos de América. Apenas cuenta con recursos para sostener una institución, el Hospital Ashecliffe, que funge tanto de centro asistencial para enfermos mentales (léase manicomio) como de cárcel o prisión, pues al mejor estilo de Arkham Asylum, al Hospital Ashecliffe son destinados sólo los criminales más violentos, esos que un día cogen un hacha y descuartizan a toda su familia, y luego toman el desayuno o se ponen a redactar reseñas de libros policiales… ¿Es posible recuperar para la sociedad a semejantes ejemplares, es posible sanar sus mentes y volverlos cuerdos, es decir, leales abogados, honrados políticos o discretas amas de casa? El personal médico y psiquiátrico del hospital cree que sí, pero cuidado, se dice que alguno de estos especialistas en la mente humana tienen un pasado nada luminoso, vinculado a ciertos atroces experimentos efectuados con prisioneros de ciertos campos de concentración de la Alemania nazi. Experimentos que tenían que ver con la manipulación mental y el lavado de cerebros…

Para colmo, en tan siniestro lugar se ha producido una desaparición. Uno de los prisioneros – pacientes, cuyos antecedentes nos dicen que es un peligroso asesino, se ha escapado de las instalaciones del Hospital Ashecliffe. Y nadie lo encuentra, ni los médicos ni el personal de seguridad. ¿A dónde puede huir alguien en una isla diminuta, cuyo único contacto con el mundo exterior es un ferry que periódicamente transporta pertrechos para el sostenimiento del hospital? ¿Dónde podría siquiera esconderse alguien en una isla cuya extensión es tan exigua que hasta las ratas tratan de abandonarla?

Para solucionar el enigma, se recurre a los agentes federales Teddy Daniels y Chuck Aule, quienes ni bien desembarcados en la tenebrosa isla (hay que ver cómo se ponen las cosas cuando hay tormenta), descubrirán que un caso en apariencia de rutina puede ser el inicio de una revelación que cambie, literalmente, el curso de sus vidas.

Otro aspecto a resaltar de Shutter Island es la sencillez con que ha sido escrita, que la hace funcionar también como un estupendo taller de narrativa, del cual se puede aprender técnicas tan aparentemente obvias como “el arte de redactar un buen diálogo”, “el arte de narrar una pelea”, “el arte de narrar el descenso a un barranco”. Vamos, escribir narrativa del yo o “cómo me gusta mirarme al ombligo” es fácil; hacer que un personaje “camine” y pase de una habitación a otra… bueno, este libro es de los que te enseñan cómo hacerlo bien.

Daniel Salvo

La muerte no tiene ojos / Miguel Ángel Vallejo

Chino

Una de las grandes novedades de este nuevo siglo es el incremento de obras que, en otro tiempo, estarían fuera de lo que se considera “narrativa peruana”, que a mi juicio, acabó anclada en lo solemne y lo repetitivo. Hoy en día, obras como la de Miguel Ángel Vallejo son parte de la oferta novelística, y en buena hora.

El autor recurre a elementos de nuestro imaginario nacional – los pishtacos, los danzantes de tijera, la coca – y los mezcla de manera feliz con el Egipto de los faraones, las momias, las sociedades secretas y la inmortalidad. La novela especula sobre un posible contacto entre los antiguos egipcios con viajeros provenientes del Perú – conocido como Punt en sus papiros – , quienes habrían traído una extraña variedad de hojas de coca, cuyo consumo habría traído extraordinarias y aterradoras consecuencias en el Egipto de Ramsés III, dando origen además a una entidad maligna e inmortal, combatida en secreto y a duras penas contenida por una sociedad subterránea de sabios andinos, cuyo brazo armado serían nada menos que nuestros danzantes de tijera, famosos por realizar proezas que rayan en lo sobrehumano.

El bien y el mal, momias e inmortales, eruditos – entre los que se encuentra el famoso arqueólogo Ernst Middendorf y guerreros. Una historia épica.