Mi robot depresivo / Carlos Vera Scamarone

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Portada: Gerardo Espinoza

(Texto leído durante la presentación del libro de cuentos  Mi robot depresivo de Carlos Vera Scamarone,  el día 12 de febrero de 2016, en el auditorio del Hospital de Emergencias Grau)

El libro debe mucho a la terquedad. A la terquedad del escritor Carlos Vera Scamarone por escribir, en un medio como el nuestro, que no apoya a sus escritores, y a la terquedad de Edita el Gato Descalzo, representado por Ana María Intili y Germán Atoche Intili, quienes contra viento y marea, apuestan por un género que las grandes editoriales, peruanas y trasnacionales, no aprecian mucho: la ciencia ficción.

Carlos Vera Scamarone ya nos emocionó con La paradoja Cane, una historia de viajes en el tiempo que aún no ha concluido, aunque suene a broma.

Y fiel a su arte de fabular, Carlos nos ha seguido proporcionando más material, como el libro que presentamos en estos momentos, Mi robot depresivo, título por demás sugerente, por cuanto une lo tecnológico (el robot) con lo humano (depresivo).

Justamente, casi todos los relatos juegan con esa contradicción. De un lado, la contradicción de nuestra realidad, la cual es asaltada por dragones, robots y una naranja…

No todos los cuentos son de ciencia ficción. El primero, “Ya llegó Godoy”, es una exquisita muestra de humor, que se burla de las expectativas que nos hacemos respecto a las personas, especialmente, los políticos. Trata de una suplantación que se parece mucho a cierto plagio que se está ventilando en estos días…

Los fantasmas también tienen su espacio en el libro, aunque sea sólo para recordar el momento de su muerte. También la venganza de un ultraje en la infancia se ejecuta en el lecho de muerte de un (aparentemente) inocente anciano.

“Remi” es un cuento que bien podría titularse “ten cuidado con lo que deseas, porque podría cumplirse”. Y luego tenemos esa extraña alegoría de la vida, que nos recuerda la continuidad entre todos los seres vivientes, animales y vegetales, entre los que se encuentra una naranja muy angustiada por su destino.

“Mi robot depresivo”,  cuento que da nombre al volumen, es una historia que debe leerse despacio. Nos habla del deseo que tenemos los humanos de perpetuarnos, de tener descendencia, aún cuando esa descendencia no sea del todo humana. ¿Es acaso “humano” un robot? ¿Tanto como para llegar a deprimirse? ¿Qué son nuestros sentimientos, sino una suerte de algoritmos programados, meras reacciones neuronales ante estímulos externos? Ante esa revelación, es dable entonces que un robot – una máquina que piensa y siente – pueda demostrar tanta o más “humanidad” que una persona de carne y hueso, por cuanto puede programarse para “sentir”, y de manera más perfecta que la manera en que siente un ser humano. ¿Pero, en un mundo como el nuestro, de qué le serviría una sensibilidad tan exquisita?

Los cuentos que cierran el volumen, “Ushamin: draco peruvianis” y “Mamaco”, juegan con la fantasía ambientada en nuestro país. De un lado, la mitológica figura del dragón deja de ser un monstruo para convertirse en un amigo, en un elemento lúdico. Y en “Mamaco”, el lado legendario de nuestro Perú se muestra en su aspecto más sombrío y triste, mezclado con una violencia secular que nadie puede ignorar.

Los cuentos de Mi robot depresivo son los caminos que Carlos Vera Scamarone ha trazado desde si mismo hasta nosotros. A transitarlos, que nos hará mucho bien.

Daniel Salvo

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