A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos / VV.AA.

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Portada de Alex Popescu

En el ambiente literario, se emplea el término “parricidio” para referirse a un supuesto ritual en el que los escritores “jóvenes” deciden romper con una supuesta tradición, encarnada en alguna figura totémica, generalmente, un escritor ya maduro y asentado. Huelga decir que muchos de estos actos de supuesta rebeldía acaban, más que en un parricidio, en un besamanos de lo más abyecto. Es decir, “quería matarlo… hasta que me consiguió una beca”.

En la ciencia ficción, suele ocurrir lo contrario. A pesar del tiempo transcurrido, los escritores del género no niegan a Verne, Wells, Lovecraft o Asimov como sus primeros y valiosos contactos con la ciencia ficción, la fantasía o el terror, cuando no reconocen su influencia. En el caso de Asimov, por ejemplo, tenemos la Segunda Trilogia de la Fundación. a cargo de autores como David Brin, Gregory Benford y Greg Bear. Tenemos pues homenaje y continuidad, antes que parricidio.

Lo cual no quiere decir que el género no evolucione, o se ramifique en direcciones y variables que años atrás difícilmente podrían haberse considerado ciencia ficción (y tal parece que aún hoy en día, no faltan puristas en ese sentido). Como muchos de los relatos que componen la presente selección: a un manejo depurado del lenguaje, se corresponde una temática basada más en el aspecto emocional de los personajes que en la “acción” que a primera vista se suele vincular con la ciencia ficción. Así pues, tenemos paisajes extraterrestres, astronautas, tecnologías avanzadas, saltos dimensionales… que no son sino un pretexto para ahondar en la condición humana, único punto en común de todos los relatos. Y en este caso, un aspecto de dicha condición que casi siempre queremos ocultar: la melancolía.

La señora astronauta de Marte (Mary Robinette Kowal).- Una ambientación de lujo (un Marte colonizado, una Tierra devastada), para un drama impecable: una astronauta en el ocaso de su vida, pero aún de utilidad para fines de exploración espacial. Marte no es un entorno tan fácil de domesticar, por lo que se planean nuevas migraciones. La pericia de la astronauta será requerida, aunque tendrá que tomar un decisión que involucra tanto su vida como la de un ser muy querido por ella.

Algoritmos para el amor (Ken Liu).- No hay ser humano que no busque el amor. De otro ser humano, de una deidad, de una mascota, de sí mismo. En esa búsqueda incesante, es posible que alguien descubra que lo que llamamos amor bien podría ser una mera respuesta cerebral a cierto estímulo, algo totalmente ajeno a la trascendencia que le atribuimos a dicho sentimiento. Pero, si se pudiera programar el amor… ¿dejaríamos de buscarlo? Aún si supiésemos que el amor que damos (o que nos dan) no es más que un epifenómeno de la actividad biológica más primaria, ¿dejaría de ser importante en nuestras vidas? Los personajes de esta historia, tanto humanos como no humanos, tampoco parecen tener muy en claro la respuesta. Uno no vuelve a ser el mismo luego de leer este relato.

Frigonovia (Will McIntosh).- Una historia sentimental que transcurre en un ambiente muy frío y aterrador. Las personas del futuro pueden “conservar” a un ser querido dentro de sus mentes, a la vez que pueden conservar sus cuerpos congelados de manera indefinida. ¿Qué ocurre cuando uno de estos cuerpos congelados pierde todo referente en el mundo real, sin parientes ni nadie que lo reclame? Pues resulta que en este futuro hipotético, también hay solitarios, personas tímidas incapaces de entablar una relación, pero que sueñan con encontrar a ese “alguien”… incluso en un depósito de cuerpos congelados.  Pero, ¿y si ese “alguien” está buscando, a su vez, a “alguien más”? Una historia de amor que transcurre a lo largo de un siglo, con seres vivos, congelados… y acaso un fantasma.

Regreso a casa (Mike Resnick).- Las cargas que, a veces sin querer, solemos depositar en nuestros hijos, son terribles. Como puede serlo el desear que se queden siempre con nosotros, a costa de sacrificar sus propios sueños y anhelos. Pero, ¿y si estos sueños y anhelos consistieran en dejar nuestro mundo para explorar un planeta tan lejano y de condiciones tan extremas que implicasen la transformación más radical de la anatomía del explorador? ¿Un mundo tan lejano como para que llegar al mismo lleve prácticamente toda la vida del explorador? ¿Soportaríamos, como padres, que nuestros hijos se alejen definitivamente de nosotros?

La verdad de los hechos, la verdad del corazón (Ted Chiang).- Inquietante relato que parte del cuestionamiento de lo que constituyen nuestra personalidad, nuestra memoria y lo cierto o falso que puedan tener nuestros “recuerdos”. A veces, estamos seguros de que algo ocurrió de determinada manera, y creemos que nuestra vida ha tomado un rumbo determinado a partir de dicho acontecimiento. ¿Y si luego descubrimos, de manera fehaciente, que las cosas fueron de otra manera? ¿Entonces, quienes somos? La historia nos revela cómo cambiaría nuestra cultura si se inventara una manera más perfeccionada de registrar todo el tiempo que transcurre entre nuestro nacimiento y nuestro presente. ¿Acaso no estamos avanzando en esa dirección, tomándonos selfies a diestra y siniestra, o registrando hasta el más nimio detalle de nuestras vidas en redes sociales como el Facebook? El protagonista de esta historia, un amargado padre de familia cuya esposa lo abandonó años atrás, dejándolo al cuidado de su única hija, descubrirá, gracias a una de estas invenciones, que la verdad o la mentira en nuestras vidas a veces no son sino los dos lados de un mismo hecho. De otro lado, una tribu entrará en contacto con la escritura, reiniciando el ciclo que constituye destruir las ideas preconcebidas en torno a la percepción de la “realidad”.

Si fueras un dinosaurio, amor mío (Rachel Swirsky).- La emotiva conclusión del relato compensa el inicio, una suerte de comparación lírica entre la fortaleza del dinosaurio (se nota el conocimiento que tiene la autora en cuestiones de paleontología) y la debilidad del ser humano ante circunstancias atroces.

La amaryllis (Carrie Vaughn).- Si bien el ambiente (un mundo postapocalíptico) está bien logrado, la historia, que va de los conflictos de un clan de pescadores en dicho entorno, no llega a levantar vuelo.

A la deriva en el mar de las lluvias (Ian Sales).- Uno de los mejores relatos de ciencia ficción que se hayan publicado. La acción transcurre en la Luna, en una estación cuyos integrantes han podido escapar, si puede decirse así, a la guerra total que ha convertido a la Tierra en un mundo muerto, completamente estéril, incapaz de albergar cualquier tipo de vida. Sus provisiones y su oxígeno se van consumiendo. ¿Hay alguna esperanza? Por increíble que parezca, si: un artilugio imposible, nada menos que un proyecto secreto de los nazis, un dispositivo que puede trasladarlos a otra dimensión, acaso a un universo paralelo en el cual la Tierra siga siendo el planeta madre, capaz de permitirles el retorno. De lejos, el mejor relato de la selección.

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