Clara y la penumbra / José Carlos Somoza

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¿Cuáles son los límites del arte? ¿Podrían los avances científicos llevar a un nuevo tipo de arte, que implique el uso de seres humanos como una suerte de lienzos vivientes? Ojo, no se trata de usar sus epidermis para pintura o dibujo: en el contexto de la novela, los seres humanos son intervenidos para ser convertidos en obras de arte. ¿Que cómo se logra eso? Gracias a la cerublastulina, sustancia que otorga al cuerpo humano capacidades increíbles de elasticidad, resistencia y maleabilidad, merced a las cuales, se logran exquisitas obras de arte hiperdramático, avaluadas en cantidades astronómicas de dinero, y que dependen tanto del artista como del lienzo que es utilizado. Un o una modelo con cualidades excepcionales para ser lienzo puede acumular una pequeña fortuna con sólo exhibirse durante un fin de semana, o pasar a convertirse en un “cuadro” permanente en la galería de un rico coleccionista…

La ciencia ficción suele ocuparse del futuro desde el punto de vista de las ciencias duras, incluso sociológicas o humanistas. Pero pocas veces nos preguntamos cómo será el arte del futuro. Por que la ciencia y la tecnología desarrollada durante milenos se ha reflejado también en el mundo del arte. ¿Puede imaginarse la música moderna sin guitarras eléctricas, o el peculiar encanto de ciertas bandas sonoras de películas de terror o  de ciencia ficción, logradas mediante el uso del bizarro theremin ?

Clara y la penumbra es, en apariencia, un thriller. Alguien está destruyendo (y de esta manera, asesinando) las obras más emblemáticas del nuevo arte hiperdramático. Desde núbiles muchachitas que aún no han llegado a la pubertad a masivos y decadentes gemelos sospechosos de haber cometido un crimen atroz. En realidad, el verdadero misterio en el que ahonda José Carlos Somoza es en averiguar (o cuando menos, reflexionar) en torno a la naturaleza del arte,  la moral y sexualidad humanas, además de ofrecernos un atisbo del peculiar mundo de los negocios artísticos. Porque, ¿en qué se diferencia de la trata de personas el hecho de contratar a un “lienzo” para que se desempeñe como tal por el resto de su vida? ¿Acaso los compradores de estas obras no están “comprando” a su vez a seres humanos – los lienzos – que, con sus características y peculiaridades, le dan su razón de ser a las obras de las que son parte?

Precisamente, la novela tiende a desarrollar más ese nuevo mundo del arte hiperdramático, con sus artistas totémicos (¿cómo llamarlos? ¿pintores, escultores?), sus escuelas, sus definiciones mas bien metafísicas (¿cómo definir un arte cuyo lienzo es un ser humano vivo?), sus inusuales técnicas y procedimientos (brillantes y enigmáticas descripciones de las sustancias que permiten adaptar al cuerpo humano para que pueda ser utilizado como lienzo, y los efectos que produce en la anatomía y en la psique del lienzo de turno). Así, la intriga criminal,si bien no pasa a un segundo plano, llega a ser opacada por el también emocionante desarrollo de la vida cotidiana de artistas y lienzos, nuevos habitantes de un mundo que cada vez se va pareciendo menos al nuestro.

Así como pudo explorar el pasado en La caverna de las ideas y el viaje en el tiempo en Zig ZagJosé Carlos Somoza, quien cuenta con estudios en medicina y psiquiatría;  realiza con Clara y la penumbra unos contundentes tajos en el lienzo de nuestro futuro inmediato.

 

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