Los atacantes / Alberto Chimal

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El día ventiuno de noviembre de dos mil quince, tuve el gran honor de participar en la presentación del libro “Los atacantes”, del genial escritor mexicano Alberto Chimal. El evento tuvo lugar en la Feria del Libro Ricardo Palma de Miraflores. Comparto con ustedes el texto leído durante dicha presentación.

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Una de las ventajas de ser “curioso” en torno a la literatura fantástica es que uno acaba conociendo muchas variedades de la misma, y a sus autores.   Alberto Chimal, aquí presente, tiene una trayectoria envidiable (yo al menos, lo envidio sanamente pero con mucha intensidad) en el ámbito literario. Su biografía dice que nació en Toluca, México, en 1970. Entre otros premios, fue finalista en 2013 del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos y ganador del Premio de Narrativa Colima 2014, el Premio Nacional de Cuento 2002 y otros. Ya van entendiendo por qué lo envidio…

Alberto Chimal no es un desconocido en nuestro medio. En 2013, la editorial Casatomada publicó en nuestro país “La ciudad imaginada (Nightmare mix)”, un conjunto de relatos en los que expresa su visión personal de la ciencia ficción, por ejemplo, a la que no aborda como género,  sino que toma prestados muchos de los elementos tópicos de la misma (los robots, por ejemplo) para ir urdiendo irónicas y reflexivas historias en torno a lo que, finalmente, todos escribimos: la condición humana.

En Los atacantes, el volumen que estamos presentando, la mayoría de historias son de horror. Y si, hay monstruos, zombis, vampiros y asesinos. Pero, diría yo, Alberto Chimal se ha encargado de revelarnos que hay dos nuevos monstruos dispuestos a atacarnos : la ciudad y las redes sociales.

Así, la ciudad que recorremos de la mano de Chimal se convierte en un ámbito más bien oscuro y siniestro, una suerte de vientre impuro en el cual se engendran monstruos de todo tipo. Con ciudades como las nuestras, ¿hacen falta castillos y laboratorios secretos para crear al monstruo de Frankenstein? ¿No son nuestras ciudades más aterradoras que las pesadillas imaginadas por Lovecraft? Un monstruo clásico tiene forma, y se le puede destruir. Un acosador en la red, un atacante, no.

Alberto Chimal nos proporciona, en cambio, elementos novedosos para provocar miedo y angustia, como puede ser la certeza de sabernos perseguidos y acosados, pero sin saber por quien o qué. ¿Acaso, amable público, nunca han recibido una amenaza anónima que, sabemos o intuimos, tiene visos de convertirse en realidad? En el cuento que abre el volumen, “Tu sabes quién eres“, Alberto Chimal recrea esta sensación de amenaza de manera tan convincente y realista que el lector llega a sentirse acosado también, sobre todo al identificar en el entorno de los personajes de la historia los mismos elementos de la posmodernidad que todos conocemos: la internet, las redes sociales, los correos electrónicos, las tablets… En un mundo aparentemente tan interconectado, aún es posible acechar en la oscuridad. Después de leer este cuento, créanme, casi me doy de baja del facebook, el twitter, gmail, dropbox, instagram…

Los cuentos que siguen, algunos por suerte más amables (aunque “Connie Mulligan” es para comerse las uñas), se orientan a otro tipo de angustia. Como la que provoca el saber que los vampiros pueden tener existencia real, pero han dejado su natural agresividad para reemplazarla por una racionalidad acaso más espeluznante, pues los humanos pasamos de ser víctimas a mercancías, cosa no muy distinta a lo que ocurre en los casos de trata de menores desaparecidos. Así como toca el tema de los vampiros, también el de los zombis, aunque el zombi del cuento “Los salvajes” sea nada menos que el cadáver resurrecto del escritor Roberto Bolaño, zombificado nada menos que por el hijo de un capo del narcotráfico que está haciendo una tesis sobre literatura… Otra historia “Arte”,  nos hace partícipes del fin del mundo, presentándonos no a la primera, sino a la última pareja sobre la Tierra, el último hombre y la última mujer, cuyo final a  su vez sirve de espectáculo y solaz  a unos seres inciertos, acaso dioses, cuyos poderes sobrenaturales incluyen el de la crítica.

Con “Aquí se entiende todo”, Chimal nos hace partícipes – contra nuestra voluntad – de la atroz realidad circundante: crímenes captados por cámaras de seguridad, ejecutados tal vez por mero exhibicionismo. Lo más aterrador de este cuento –que incluye una lúcida función del rol que cumplen los monstruos en la ficción y en la realidad – es su ambigüedad. ¿Se trata de crímenes auténticos, o bromas muy bien montadas? ¿Cuántas veces nos habremos reído, sin saberlo, de un linchamiento, de una decapitación, creyendo que se trata de un truco mal ejecutado? ¿Podemos consolarnos diciendo “esto nunca me va a ocurrir a mí”? O ¿“estamos en el siglo XXI, estas cosas ya no ocurren”?

Voy a denunciar a Alberto Chimal por haber cometido el crimen de poner su exquisita prosa al servicio del miedo, la angustia y el terror. En cuanto termine esta presentación, iré directamente a la policía. Muchas gracias.

Daniel Salvo

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