Starplex / Robert J. Sawyer

starplex

Pese a haber sido publicada hace ya dos décadas, esta novela de Robert J. Sawyer mantiene todavía un aire entre inspirador e inocente, vamos, una novela que bien podría pertenecer a la novísima corriente de “novelas juveniles” que nos ha inundado ultimamente.

Starplex, desde su propio título, es un cálido y nostálgico homenaje al universo de la serie televisiva Star Trek, cuando menos, a la serie original propalada a fines de los años sesenta de siglo XX. Se trata de una nave espacial cuya misión es explorar el universo, y cuya tripulación está compuesta por humanos, delfines (!) y extraterrestres. La mayor parte de la acción transcurre en el puente de mando de la nave Starplex, a cargo de un capitán de origen humano – terrestre al borde de los cincuenta, edad en la cual es, literalmente, desbordado por una serie de acontecimientos. Desde las evidentes insinuaciones de una tripulante varios años menor para embarcarse en una aventura no precisamente espacial, hasta el hallazgo de una sorprendente raza de seres que no son otra cosa que estrellas conscientes, quienes además parecen estar en conocimiento de la mecánica del viaje a través de distancias interestelares, mediante unos “túneles” que permitirían atravesar el espacio tiempo, salvo que se carezca de pericia para realizar dicha proeza… y acabar “perdido”, en un punto que no es ni espacio ni tiempo pero que está entre dos lugares que si están en el espacio tiempo conocidos. ¿Se imaginan una estrella inteligente “perdida” en uno de esos túneles?

El sentido de la maravilla, la sensación de “¡oh!” ante cada descubrimiento, están presentes a lo largo de toda la novela, aunque la moral bajo cuyos códigos se rigen sus personajes humanos es bastante conservadora, por decir lo menos. Los extraterrestres – salvo las estrellas inteligentes, los darmat – cumplen un rol que oscila entre ejercer de decorado exótico propio de la aventura espacial (uno de ellos, perteneciente a la especie de los Ib, es, literalmente, una silla de ruedas integrada por seis especies distintas), hasta el de actuar como el necesario contrapunto “alienígena” que permite a los humanos reflexionar respecto a su propia humanidad, esto es, las nociones que tenemos respecto a la violencia, la religión, el sexo y otros aspectos que podrían ser o no compartidos con otras especies inteligentes.

Cabe destacar el optimismo desbordante que . Por ejemplo, en una conversación entre un delfín y uno de los tripulantes extraterrestres – un waldahud, especie de carácter mas bien belicoso, parecido a un cerdo peludo con seis extremidades -, respecto al resentimiento que deberían sentir los delfines contra los humanos por las matanzas perpetradas contra ellos en el pasado (nuestro presente), los cetáceos responden que no albergan sentimientos negativos contra los humanos por ese hecho, dado que no han ocurrido durante su existencia actual, y que sería algo tonto odiar a una especie por algo que hubieran hecho sus antepasados. Fin.

Starplex fue publicada en español por la fenecida editorial Omicron, cuyos títulos solían ser bastante escogidos. Aquí un comentario por su cierre.

Camelot 30K / Robert L. Forward

camelot

Después de leer algunas -e imprescindibles – distopías, esta entretenida novela de Robert L. Forward es un refrescante paseo por una ciencia ficción de corte más clásico, con su añadido de fe en la ciencia y sus posibilidades. Hay esperanza, siempre, en que la humanidad vaya por la senda correcta, ya sea por decisión propia o por mera casualidad. Siempre tenemos opciones.

Camelot 30K transcurre en un futuro no muy lejano, en el cual la humanidad ha alcanzado los límites de nuestro sistema solar. En el transcurso de una misión, se descubre un cometoide – un cuerpo celeste con núcleo rocoso pero cubierto de hielo – habitado por una raza de seres que recuerdan a pequeños gusanos con diez patas y un solo ojo frontal, dotados además de inteligencia, con un nivel de desarrollo tecnológico y social similar al de nuestra Edad Media, con sus reinas, caballeros, magos y torneos a caballo….  eh, a lomo de heuller. El cometoide, llamado 1999 ZX por los humanos, es conocido como Hielo por sus habitantes, los keracks, quienes han establecido contacto con los seis miembros de una expedición terrestre. Dicho contacto se realiza a través de la curiosa maga Merlene, del reino de Camalor, y portavoz de los keracks.

Tras leer ciertos nombres kerack, el lector no puede dejar de evocar al mago Merlin, a la mítica Camelot y a otros personajes pertenecientes al ciclo artúrico, al cual el autor homenajea desde el mismo título de la novela. De hecho, gran parte de la misma no es sino un plácido recorrido por Camalor, que nos permite apreciar las artes, conocimientos y costumbres de los keracks. Las peculiares condiciones de su mundo – frío y oscuro – les han  permitido desarrollar visión infrarroja, muy útil para detectar metales radiactivos, los cuales son obtenidos de gusanos del hielo, la versión inmadura del heuller, animal que es usado como montura por los keracks. Los humanos, dado su inmenso tamaño y el insoportable calor que irradian, recorren la ciudad mediante el uso de una suerte de robots teledirigidos llamados telebots, construidos a imagen y semejanza de los keracks.

Si bien este paraíso feérico no conoce la pobreza o el hambre,  si conoce la guerra – hay otros reinos, además de Camalor, con los que dicha ciudad mantiene una tensa paz – ; y guarda además  un secreto, más impactante y explosivo que el misterio que envuelve a la identidad de la reina o el tabú que existe en torno a las costumbres sexuales de los keracks. Por no decir nada del misterio que constituye la mera presencia de los keracks en su gélido mundo, cuyo ambiente es uno de los menos aptos para el surgimiento y sostén de cualquier tipo de vida.

El final es sorprendente, y muy bien narrado. Esta precisión no es gratuita, puesto que dicho final se sustenta en la aplicación de conceptos y nociones científicas de cierta complejidad, pero que el autor, físico además de escritor,  ha logrado plasmar de manera inteligible y amena, no exenta de humor.

El cuento de la criada / Margaret Atwood

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Si bien fue publicada en 1985, esta novela ha sido reeditada muchas veces. Y no es para menos, puesto que su cuestionamiento de nuestras nociones en torno a la feminidad y los derechos sexuales y reproductivos aún está vigente.

Se trata de una novela distópica (la autora prefiere decir que es de “ficción especulativa”). Tras una inexplicable epidemia que ha ocasionado la esterilidad de la mayoría de las mujeres, la sociedad norteamericana ha colapsado dando lugar a una teocracia, la República de Gilead, basada en la observancia de creencias religiosas ultra conservadoras, que se expresan en una sociedad ostensiblemente jerárquica, al punto que el lugar que se ocupa en esta jerarquía se evidencia en el color de las ropas que usan las personas. Las Criadas, por ejemplo, sólo pueden usar vestidos de color rojo y una toca blanca en la cabeza.

Pero esta distopía no defiende la vida. Al contrario, se basa en el sometimiento de las mujeres. Las Criadas, quienes no han perdido la capacidad de concebir, se han vuelto sumamente valiosas para la sociedad, pero no en tanto seres humanos, sino como una suerte de ganado reproductivo. Sometidas a la voluntad de sus amos, los Comandantes y sus Esposas, las Criadas son las encargadas de concebir, pero no de acuerdo a su voluntad ni deseos. Tanto así, que incluso han perdido sus nombres, asumiendo una curiosa denominación que indica a que clan “pertenecen”. La protagonista, quien sólo a veces recuerda su verdadero nombre, es llamada Defred. “De Fred”, por que no se pertenece a sí misma. Tampoco es que pertenezca a un hombre solamente, sino también al ejército, al clero, a una familia, lo que es un evidente contraste con su “vida” anterior: hija de una feminista y madre soltera, Defred no es la típica heroína virginal y romántica. Alguna vez fue amante de un hombre casado, y su mente duda entre seguir sus deseos de libertad o aceptar y conformarse con su nueva vida, de la cual también puede obtener alguna que otra ventaja.

La novela fue llevada al cine en 1990, habiendo obtenido el Premio Arthur C. Clarke de 1987. Treinta años después, la cadena Hulu la ha convertido en una serie de diez episodios. 

Lovecraft (y Leiber) en triunfo

“No hay en el mundo fortuna mayor, creo, que la incapacidad de la mente humana para relacionar entre sí todo lo que hay en ella. Vivimos en una isla de plácida ignorancia, rodeados por los negros mares de lo infinito, y no es nuestro destino emprender largos viajes. Las ciencias, que siguen sus caminos propios, no han causado mucho daño hasta ahora; pero algún día la unión de esos disociados conocimientos nos abrirá a la realidad, y a la endeble posición que en ella ocupamos, perspectivas tan terribles que enloqueceremos ante la revelación, o huiremos de esa funesta luz, refugiándonos en la seguridad y la paz de una nueva edad de las tinieblas.” (H.P. Lovecraft, La llamada de Cthulhu)

Así inicia uno de los relatos más celebrados de H.P. Lovecraft, magnífica presentación de los horrores que la estirpe de los Grandes Antiguos traerá a la Tierra. Tal es la “filosofía lovecraftiana”, recogida, entre otros, por autores como Thomas Ligotti o filósofos como Eugene Thacker: la existencia es un horror.

Imposible ser consecuente con tales ideas y seguir viviendo. O bien siempre habrá ese impulso irracional por seguir viviendo “por que sí”, o bien la mente humana (o determinados seres humanos) creará falaces ilusiones que le aporten algún consuelo.

Bajemos un poco el nivel de abstracción. No pensemos ya en la existencia misma, sino en uno de sus componentes, el conocimiento. Alguna vez, ilusionados por la religión o la “razón”, creímos que el conocimiento implicaba sabiduría, y por ende, la Humanidad, al saber cada vez más, lograría crear una utopía con paz, progreso, prosperidad… elija el lector el sustantivo abstracto (esto es, inexistente) que más le guste.

La realidad resultó muy diferente. El conocimiento nos dio mejores formas de matar, de explotar, de depredar. El descubrimiento de la agricultura, por ejemplo, benefició a la humanidad en general, pero en concreto, condenó a los agricultores a una vida repetitiva e insalubre, vida que ningún habitante de las ciudades envidiaría.

¿Y el conocimiento del universo, de la vida y de los fenómenos a ella ligados? El universo mágico y trascendente del pasado dio paso a una realidad hecha de átomos unidos al azar, o si quiere el lector mantener una posición creyente, unidos por una voluntad divina que, de tan incomprensible y ajena, equivale a cero.

En realidad, aunque cueste creerlo, conocemos mucho sobre el universo en el que vivimos, y sobre nosotros mismos. Pero ese conocimiento, al parecer, y como previó Lovecraft, nos causó más terror que otra cosa. No en vano este post inicia con esa aberrante muestra de aborregamiento que es la “oración de Chávez”, en un vídeo que pone los pelos de punta a cualquier abanderado de la razón y la modernidad. Pienso en Jorge Luis Borges comentando “La isla del doctor Moureau”, de H.G. Wells, reparando en los monstruos que, ante su amo – creador, “gangosean un credo servil”…

¿Es realmente tan tonta esta gente? Pensar eso sería muy optimista, pues bastaría creer que con un poco de educación se les curaría. Pero no parece que las personas del vídeo carezcan de educación, siendo lo más probable que incluso cuenten con educación universitaria.

¿Entonces? ¿No nos salvará la educación (universitaria) del advenimiento de esa Edad Oscura predicha por Lovecraft? Al parecer, las universidades hace tiempo vienen abandonando ese (supuesto) objetivo de desarrollar el conocimiento y cambiar la realidad. Por el contrario, se hacen cada vez más “seguras”, más convencionales: la idea es otorgar títulos para insertarse en el mercado laboral, y punto. Las maestrías que abundan son para capacitaciones comerciales o administrativas, por hablar de los postítulos. Las humanidades, en cambio, están en franco retroceso. Muy pocas de las nuevas universidades aportan algo en el campo de las humanidades. Ni la filosofía, ni la historia, ni la literatura les caen bien a los promotores, supuestamente por inútiles, por que no dan plata. Pero ahora sabemos que la realidad es otra: esas carreras solo sirven para dar miedo pues, para que te preguntes por qué…  y todo para que luego no nos gusten las respuestas. Mejor sigo con mi Maestría Turbo para Ganar Harto Billete.

No olvidemos el curioso retardo mental en el que están cayendo las universidades. De repente, los estudiantes protestan y exigen, no libertad de cátedra, sino que … ¡no se estudie ciertos temas! ¡Universitarios que exigen que no les exijan académicamente! ¡Que no enseñen materias que afecten su sensibilidad (religiosa, cultural, sexual)! Antes, si no me equivoco, se consideraba que la educación superior le daba al egresado un grado más elevado de madurez, pero ahora puedes tener hasta dos maestrías y regalarle el diez por ciento de tus ganancias al charlatán religioso de moda. Así acabe violando a tus hijos en el colegio.

Y, para variar, otro genio de la ciencia ficción, Fritz Leiber, nos dejó una visión que, pese al humor con el que ha sido tratada, no deja de ser aterradora. En su magistral cuento “Jefes descarriados”, plantea la tesis de que un exceso de conocimiento y racionalidad no lleva a nada mejor que… a la irracionalidad. Como lo demuestran sus estudiantes universitarios ofreciendo sacrificios y persignándose ante ante la Gran Computadora que va a evaluar sus informes…

El siglo XVIII fue conocido como el Siglo de las Luces. Tal vez el siglo XXI sea conocido como el Siglo en el que se apagaron las Luces… o titilaron.

Para una autopsia de la vida cotidiana/Conversaciones con J.G. Ballard

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Para una autopsia de la vida cotidiana / Conversaciones

Entrevistas a J. G. Ballard

Caja Negra Editora

Buenos Aires, 2015

Traducción de: Walter Cassara

Prólogo de: Pablo Capanna

James Graham Ballard (1930-2009), fue el escritor británico de ciencia ficción acaso más representativo de la corriente denominada “new wave”, o nueva ola, cuya afirmación más radical y representativa sería “la ciencia ficción debe ocuparse más del espacio interior que del espacio exterior”.

El presente volumen abarca cuatro entrevistas realizadas a Ballard entre los años 1982 y 1991, es decir, antes de la televisión por cable y la internet. Sin embargo, los comentarios de Ballard respecto a las condiciones en las que se desarrollaba (y se iba a desarrollar) la vida de los habitantes de nuestras grandes urbes no solo no han perdido vigencia, sino que sobrecogen por lo preciso de su visión. Como se precisa en uno de los textos, la sociedad humana es vista como una suerte de cadáver a la que Ballard disecciona con el agudo escalpelo de su mente. Su visión no es optimista: auguraba para el futuro inmediato (nuestro presente), nada menos que un aburrimiento atroz e inevitable.

Nos pinta también a un Ballard muy humano, morador de un suburbio inglés de clase media, viudo, amante del surrealismo pictórico y muy consciente de los cambios que sucedían en el mundo. Como escritor, afirma no haber negado nunca ser un escritor de ciencia ficción, aunque precisa (ya en los ochentas) que, puesto que la ciencia ficción estaba invadiendo casi todos los ámbitos de la literatura y otras artes, carecía de sentido hablar de géneros. Genio total.

El primer peruano en el espacio en versión Kindle

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Ediciones Altazor, a través de su colección Arena, pone a disposición del lector la versión Kindle de mi libro de cuentos El primer peruano en el espacio,  el cual puede descargarse directamente a su smartphone, tablet o Kindle desde este enlace, al módico precio de U$ 2.99. También puede regalarlo, contribuyendo al fomento de la literatura de ciencia ficción peruana, y a la difusión del libro electrónico.

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo 2017.

Daniel Salvo

Ecce monstrum / Nathan Ballingrud

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Gracias a la edición online, editoriales como Fata libelli, con sede en España, ponen al lector del género fantástico al tanto de novedades editoriales que, en otras épocas, habrían tardado años en estar disponibles.

El caso de uno de los autores publicados por esta editorial,  Nathan Ballingrud es bastante singular. Escribe cuentos de terror, en los que aparecen seres y monstruos usualmente asociados al género: vampiros, hombres lobos, fantasmas, criaturas marinas, zombies y extraterrestres. Y no se trata de metáforas o alegorías, sino de monstruos que cumplen a cabalidad la misión estereotipada que la tradición literaria más rancia les ha encomendado, esto es, matar, asustar, destruir y corromper a las personas normales.

¿Pero qué ocurre si las personas a las cuales atacan estos monstruos son cualquier cosa menos personas normales? ¿Si sus vidas están ya degradadas o en proceso de descomposición? Si es cierto que no hay monstruo más terrible que el propio ser humano, Ballingrud lleva esta afirmación a sus extremos más terribles: el zombie se convierte en víctima de la opresiva mediocridad bienintencionada de su pareja, el vampiro será doblegado por la crueldad de un menor lleno de odio y una criatura marina desencadenará el conflicto entre un ex presidiario y su familia, quienes sufren por reintegrarlo a sus vidas.

Nathan Ballingrud otorga a sus historias una atmósfera melancólica y oscura que tiñe de desesperanza a un mundo de por sí bastante sombrío, en el cual lo insólito y lo monstruoso son sólo facetas de una realidad en perpetuo deterioro.