Revista Supersonic # 1 / Editora: Cristina Jurado

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El mundo de la literatura de ciencia ficción en países como Estados Unidos o Inglaterra cuenta con muy venerables publicaciones periódicas, como las revistas Locus, Asimov, Interzone, o el reciente avatar (precedida por su versión online) de la mítica Amazing Stories, revista creada en 1926 por el Padre Fundador del género, Hugo Gernsback.

En cambio, en el ámbito hispanoamericano, si bien contamos con sendas y gravitantes experiencias tanto en España como en Latinoamérica, la verdad es que no tenemos un equivalente a las revistas mencionadas, no digamos en cuanto a tiraje (y menos rentabilidad pecuniaria), sino en lo relativo a permanencia. Se pueden llenar páginas y páginas (reales y virtuales) enumerando revistas que tuvieron una vida larga, media o breve en nuestros países. Al menos, en lo que toca al siglo XX.

Con el advenimiento de la internet, sin embargo, el panorama cambió. La comunicación simultánea entre dos o más personas situadas en puntos alejados por miles de kilómetros, primero desde terminales fijos, ahora mediante adminículos diminutos y portátiles como los smartphones, es un hecho cotidiano en el cual apenas reparamos. “Publicar” dejó de ser un verbo aplicado exclusivamente a una actividad que requería el PAPEL como insumo, para adecuarse a nuevos y más ubicuos formatos, lo que además redundó en aspectos tales como la distribución, transporte, almacenamiento, derechos de aduana y otros. En resumen, que ya se podía publicar revistas en formato electrónico. Si bien se pensó que era el fin de las publicaciones en papel, con el paso de los años, resultó que este temor era infundado: a las nuevas revistas surgidas en el ámbito digital, se sumaron las versiones online de revistas y periódicos que ya tenían una versión impresa, de alcance acaso reducido a sus respectivos países de origen, que pasaron así a convertirse en publicaciones de alcance internacional.

El hecho es que hoy en día podemos acceder a las ediciones más recientes de muchos diarios y revistas desde cualquier lugar del mundo. En ese sentido, contamos con dos publicaciones bastante longevas en el ámbito hispanoamericano, como son la argentina Axxón  y el español Sitio de Ciencia Ficción, completísimas páginas web de acceso gratuito y con contenidos de gran calidad.

La internet ha mutado: hemos pasado de las primigenias páginas web a los blogs y a los posts en Facebook y Twitter.  También surgieron plataformas para otro tipo de publicaciones, como Wattpad. Incluso es posible para un usuario común crear libros electrónicos, para ser distribuidos vía Amazon o Smashwords. Ejemplos sobran.

Pero hay una labor que no puede ser reemplazada, y que suele marcar la diferencia entre una y otra publicación. Es la labor humana, no tanto de crear contenido, sino de darle un carácter, una orientación a una publicación. Es la labor editorial.  A veces invisible, a veces visible (es muy recomendable leer “Sobre la ciencia ficción”, de Isaac Asimov, que destaca de manera brillante la labor de los editores que marcaron las diversas eras de la ciencia ficción norteamericana del siglo XX), no cabe duda que un editor, o editora, no solo está a cargo de publicar, sino de darle su “personalidad” a una publicación.

En este caso, quiero referirme a la revista “Supersonic”, cuyo primer número fue lanzado en el mes de marzo de 2015.  Una revista que resume los acelerados tiempos en los que vivimos. Su editora, la escritora Cristina Jurado, reside en Dubai. La publicación tiene sede en España. Y puede accederse a la versión electrónica de la misma desde portales como Amazon, Lektu o el mismo sitio web de la revista.

¿Cual es la novedad con “Supersonic”? Pues que ya desde su primer número, ostenta una proyección internacional, consciente – por decirlo así – de estar ubicada, ya no en centro o periferia alguna, sino “en la red”, pudiendo ser leída incluso en la estación espacial internacional. Consciente de este inevitable universalismo, cuenta con ficciones y ensayos en Inglés, así como con sus respectivas traducciones al español.

Otro aspecto a destacar es su abierta opción por escritoras y escritores noveles, tanto hispanos como de otras nacionalidades. Es decir, no estamos ante “la versión en español” de una revista de género, sino ante un espacio que parte desde lo hispano para el resto del mundo. “Supersonic” apuesta así por autoras y autores hispanohablantes que producen su contenido principal, sin dejar de lado colaboraciones de autores de otros ámbitos.

Se adjunta la tabla de contenidos del memorable primer número, disponible en Amazon, Lektu y otras plataformas.

Portada Marina Vidal Editorial Día D, hora H
Relato “Monstruos” de Lavie Tidhar
Entrevista The Grace of Ken Liu, una entrevista por Elías Combarro
Sección Castillos en el aire por Mariano Villareal
Short story “Black Isle” by Marian Womack
Sección Mutatis Mutandis por Manuel de los Reyes: El origen de las palabras
Relato “El crujido de la cereza al romperse” por Sofía Rhei
Artículo La búsqueda de la épica en la fantasía por Miquel Codony
Entrevista Entrevista a Joe Abercrombie y a Saladin Ahmed por Cristina Jurado
Sección Reconocimiento digital por Leticia Lara: Iain M. Banks: imaginación contra
la oscuridad
Proyecto “Desahucio en Marte”, presentación por Santi Eximeno
Relatos “Hutus y Tutsis” por Juanfran Jiménez
“Números rojos, planeta rojo” por Ricardo Montesinos
“Last Exit for the Lost” por Santi Eximeno
“Hambre” por Cristina Jurado
Interview The Grace of Ken Liu, an interview by Elías Combarro
Artículo El alma y la cáscara por Alexander Páez
Sección Lo bueno, si breve por Xavi
Relato “La gloria de España” por Weldon Penderton
Section A Publisher’s Mistakes by James Womack: Number One
Artículo Antologías de ciencia ficción en España por Cristina Jurado
Short story “Dancing in the Shadow of the Once” by Rochita Loenen-Ruiz
Sección Ciencia ficción 101 por Miquel Codony:The forever war, de Joe Haldeman
Short story “Monsters” by Lavie Tidhar
Interview Kings and Thrones in Fantascy: An interview with Saladin Ahmed and Joe
Abercrombie by Cristina Jurado
Sección All your short are belong to us por Elías Combarro
Reseña Harrison Squared por Alexander Páez
Reseña Something coming through por Josep María Oriol
Reseña Karen Memory por Miquel Codony
Reseña Distancia de rescate por Alexander Páez
Reseña The absolution of Roberto Acestes Laing por Cristina Jurado

¡Que lo disfruten!

 

Daniel Salvo

 

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El hombre que hablaba del cielo / Irma del Águila

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Al igual que “La medida del mundo” y “La medición del mundo“,  esta magnífica novela de la autora peruana Irma del Águila es un libro con ciencia y ficción, aunque no de ciencia ficción. Publicada en 2011, se hizo acreedora al III Premio de Novela Breve de la Cámara Peruana del Libro.

La acción inicia en 1615, frente a la playa de Cerro Azul, al sur de Lima, donde se produce una batalla marítima entre buques de la armada española y corsarios holandeses, quienes habían iniciado una política de expansión y apertura de mercados por todo el mundo, lo que incluía ataques a emplazamientos y colonias del gran imperio español. En Cerro Azul, los holandeses resultaron victoriosos, hundiendo dos navíos españoles. Sin embargo, viéndose en la necesidad de contar con alguien que pudiera guiarlos en nuestras costas, exóticas para ellos, tomaron como prisionero al sobreviviente de una de las naves, un navegante de nombre Esteban.

Cerrado el episodio de la batalla, la acción da un giro por demás interesante. Tras ser hecho prisionero por los corsarios holandeses, capitaneados por Jaris van Spielbergen, Esteban tendrá que adaptarse a un mundo nuevo para él, es decir, a un barco de manufactura distinta a la hispana, una tripulación que no habla su idioma ni comparte su religión y que para colmo emplea un instrumento de navegación del cual sólo había tenido noticias pero que jamás había tenido oportunidad de contemplar: un telescopio.

Nótese que Esteban resulta siendo tan novedoso para los holandeses como lo es el telescopio para él.  De hecho, el capitán, interesado en hallar un “uso” útil para el prisionero, le dedicará largas horas con el fin de enseñarle los rudimentos de su idioma, así como instruirlo en el manejo del telescopio, el cual tiene fascinado a Esteban. El uso del novedoso instrumento se convierte en un pretexto para que el perulero, marino al fin y al cabo, predispuesto por lo tanto a aceptar nuevas ideas relativas al arte de navegar, acceda también a la novísima cosmovisión y filosofía que ya formaba parte del ordenamiento mental de los holandeses, esto es, la aceptación de la tesis heliocéntrica y la división entre el orden político y el orden religioso, ideas que hoy nos son comunes, pero que en el aquel tiempo, llevaba a considerar como herejes a quienes las profesaran. Asistimos pues a un proceso de “cambio de mentalidad” que experimenta nuestro compatriota, aún deudor de la concepción ptolemaica del universo – ¡para los contemporáneos de Esteban, la Tierra seguía siendo el centro del universo! – , idea que se ve socavada por los cálculos y descubrimientos realizados por Nicolás Copernico, considerados herejía por la Iglesia Católica de su tiempo, y a los cuales puede acceder Esteban merced al interés pedagógico de su captor, deudor de la riquísima cultura del Renacimiento.

Es a raíz de esta necesidad de complementar sus conocimientos que el holandés y el perulero inician una relación, de desconfianza mutua al principio, y de respeto y acaso de amistad después. Ambos son, a fin de cuentas, hombres de mar, es decir, comparten experiencias y necesidades similares, las cuales borran las diferencias que van descubriendo superficiales, como la fe religiosa.

Resulta crucial el capítulo en el cual el capitán Spielbergen induce a Esteban para que observe, ya no el horizonte, sino la propia Luna con el telescopio. Así, contempla por primera vez cosas tan sorprendentes como las sombras de las montañas lunares y otros detalles que hacen evidente que la Luna no es un disco plano puesto ahí para que sirviera como una luz nocturna a la Humanidad, sino que es una esfera, un mundo similar a la Tierra, tal vez habitada por seres inteligentes…

Así, Esteban inicia, acaso sin quererlo, una aventura de carácter intelectual, pues inicia con un hombre que parte de un mundo inamovible, geocéntrico y ordenado; para culminar con la remoción total de varias de las ideas que sostenían sus nociones respecto a lo que era real y justo en lo tocante a la posición del mundo en el universo, así como a la posición – léase autoridad – que ocupan respecto a él los reyes, virreyes y sacerdotes. El cambio que se opera en el mundo de Esteban está muy  bien narrado, al punto que el propio lector acaba incorporándose a ese proceso de transformación que se  logra mediante la adquisición de nuevos conocimientos.

Así, las aventuras del navegante Esteban, se fusionan con otro tipo de aventura, resultante de comparar su caduco e insostenible  sistema de creencias con los nuevos conocimientos e ideas propios de una cultura moderna como la Holanda, que se fundamentan en el método científico antes que en la tradición o el dogma.

En este y en cualquier otro siglo, la aventura del pensamiento humano siempre está por comenzar.

Reseña: King: Tributo al rey del terror de varios autores

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En esta antología, varios autores de diferentes latitudes convergen bajo la influencia de Stephen King y rinden tributo al famoso «maestro del terror». Los relatos, inspirados en el escritor norteamericano, se meten en una reunión de pacientes psiquiátricos, descubren seres sobrenaturales infiltrados en los movimientos militares latinoamericanos, narran experimentos espontáneos de física cuántica y presentan personajes oscuros como un doble maligno o demonios que acosan a niñas inocentes.

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“Todos los escritores tienen un pasadizo que baja al subconsciente. Pero el que escribe relatos de terror tiene un pasadizo que baja aún más”.

– Stephen King

Con esta frase inicia el libro King: Tributo al rey del terror, una frase bastante curiosa, pero real. Lo cierto es que ser un lector de terror conlleva tener una mente abierta y  tener una sed insaciable de emociones fuertes que van desde lo oscuro hasta lo mórbido, pero ser un escritor de este género implica…

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La última noche de Hipatia/Eduardo Vaquerizo

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La lectura de esta novela me trae a la mente la comparación que hace Isaac Asimov entre un vitral y el simple vidrio transparente de una ventana: la aparente sencillez de la prosa permite apreciar con mayor detalle el devenir de la trama, cautivante de principio a fin. Vaquerizo recrea (inventa, forma, produce) el ambiente de la Alejandría del siglo IV D.C. con un nivel de detalle tan minucioso, que el lector siente que convierte en un personaje más de la historia, capaz de caminar por sus calles apreciando el bullicio y la intensa vida de una ciudad marítima de aquella época, notando también la atmósfera crepuscular que le otorga la cultura griega afincada en Egipto, acaso en lo mejor de su floración, una ciudad conocida y reconocida a través de la historia como un centro del saber, al haber albergado una de las instituciones más fascinantes de la historia, la  Biblioteca de Alejandría, cuya destrucción muchos seguimos lamentando hasta el presente.

Existen sendos estudios y documentales que revelan la complejidad y esplendor de los conocimientos registrados y producidos en la biblioteca. Pero nada evidencia mejor su trascendencia, a mi juicio, que la vida y obras de muchos de sus ilustres usuarios, cuyos nombres son imprescindibles para la historia del conocimiento: Aristarco, Ptolomeo, Euclides, Eratóstenes… grandes héroes de un saber y de una actitud hacia el conocimiento que se cierra con Hipatia, la protagonista de esta novela. Un personaje singular, dedicada al saber, verdadera hija de la biblioteca. Una mujer sabia, descreída  y orgullosa. En suma, alguien digno de las iras santas de cualquier fanático religioso, como lo es el personaje del monje cristiano Cirilo.

Aquí no podemos negar la mano maestra de Vaquerizo para anudar dos tramas. De un lado, la del viajero del tiempo cuya misión inicial consiste en registrar los últimos días de la vida de Hipatia, pero que luego acabará involucrándose con ella de muchas y sorprendentes maneras; y de otro, la ascensión al poder religioso, en aquel contexto muy por encima del político, del líder cristiano Cirilo, quien de humilde monje del desierto pasa a convertirse en una prominente autoridad religiosa (posteriormente, sería canonizado como San Cirilo de Alejandría) en las postrimerías de un imperio romano que ha adoptado el cristianismo como religión oficial, y que apenas tolera los rezagos de la antigua religión pagana, si bien no menos absurda en sus mitos y dogmas, por lo menos tolerante frente a los otros cultos religiosos. Cirilo y otros cristianos apenas podrán contener su antipatía (y miedo) hacia una persona sabia y culta, que no se inclina ante ningún dios, y que para colmo, es sólo una mujer (es decir, no tiene padre, marido, hijos…).

Escribir una novela histórica es un gran reto, que se acrecienta si además se pretende incluir elementos de ciencia ficción. De hecho, existen diversas versiones y testimonios en torno a la figura de Hipatia y sus relaciones con los cristianos de su tiempo, que podrían no concordar con el desarrollo de la novela o las películas que se filmen. Pero esto no es obstáculo para disfrutar de esta entretenida aventura escrita por un grande de la ciencia ficción española como Eduardo Vaquerizo.

CloroFilia/Cristina Jurado

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Hace tiempo, estuvieron de moda unos juguetes confeccionados con un material plástico que, tras sumergirse un rato en el agua, aumentaban de tamaño, aunque nunca hasta alcanzar las ciclópeas dimensiones que pregonaban sus envases.

“CloroFilia” se asemeja a esos juguetes en que, pese a su reducida extensión (una novela corta que se puede leer en un par de horas), siempre acaba por ofrecer al lector mucho más de lo que parece contener. La habré leído ya unas cuatro veces, y en cada lectura le he encontrado un nuevo detalle, una nueva alusión, un nuevo giro que me llevó a sentir que la está leyendo por primera vez.

La trama es apasionante: en un futuro indeterminado, el clima de la Tierra ha sido drásticamente alterado. Terribles vientos huracanados recorren la superficie de nuestro planeta, al punto de hacer casi imposible la vida que conocemos. El origen de esa catástrofe es algo que carece de importancia, lo cierto es que ha diezmado a la humanidad, cuyos remanentes malviven en refugios subterráneos, acosados por el hambre, el hacinamiento y las enfermedades. La Tierra se ha convertido en un mundo oscuro y carente de esperanzas, salvo que tenga éxito el experimento realizado por el Doctor, el científico (loco) trasgresor de turno, experimento cuyo resultado está mas o menos sugerido en la portada del libro.

Se trata pues de una novela de supervivencia (entre otras clasificaciones), en la que está involucrado el destino de la humanidad, y que plantea más de una interrogante: ¿vale la pena sobrevivir en un mundo cuyo entorno se ha vuelto tan hostil? ¿vale la pena sobrevivir a costa de alterar de manera irreversible la “esencia” humana, su carne y su sangre? He escogido estas palabras de manera deliberada, pues de la lectura de “CloroFilia” se desprende que la carne y la sangre humanas van a ser reemplazadas por otro tipo de materia orgánica…

“CloroFilia” es también una novela de aprendizaje, cuyo protagonista principal, Kirmen, debe aprender, entre otras cosas, a ser el primero de su especie, el heraldo de la nueva humanidad que heredará la Tierra. Su vida es una tortura, pues sufre el constante rechazo de sus padres y de sus compañeros de escuela, aunque eso no le impide experimentar el amor, pese a que la expresión física de su deseo sexual sea bastante atípica en sus resultados.

El futuro imaginado por Cristina Jurado no es necesariamente decadente ni distópico,  en el sentido de carecer de solución, sino mas bien desafiante, un retorno a los tiempos primigenios en los cuales la vida era un constante reto mortal, cuando sobrevivir era la única recompensa para cualquier lucha. Sólo que esta vez, aún en medio de esas terribles condiciones de vida,  la humanidad cuenta con la Ciencia, sin cuyo auxilio sería capaz de vencer a ese mundo que amenaza con extinguirla. Vencerá, si, pero pagará un precio terrible por dicha victoria.

Dice el refrán “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, pero el caso de “CloroFilia” nos permite a cuestionar dicha afirmación. Porque se trata de una novela corta tan intensa y llena de significados, escenarios, especulaciones y sentido de la maravilla, con su drama más, que deja al lector con el deseo de haberse quedado un rato más en el mundo de Kirmen, esa Tierra azotada por la catástrofe que habría hecho las delicias de J.G. Ballard. En este caso, lo breve nos deja con ganas de más. Esperemos que pronto.

Visión ciega / Peter Watts

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De niño, solía oír en las conversaciones que sostenía mi padre con sus amigos, que existía un libro llamado “El Excálibur”, que debía permanecer en un barco porque no podía ser desembarcado, y que aquel que se atreviera a leerlo acabaría por volverse loco. “El Excálibur, el libro que produce la locura”, lo llamaban.

Muchos, muchos años después, pude enterarme que el dichoso libro había sido escrito nada menos que por L. Ron Hubbard, escritos de ciencia ficción que optó por la más lucrativa actividad de fundar la cienciología, Y que todas esas noticias sobre la locura a la que induciría el libro o su ubicación, al parecer,  no eran más que un buen truco publicitario. Para más detalles, pueden consultar el siguiente enlace: https://granmisterio.org/2013/05/24/el-libro-que-vuelve-loco-a-quien-lo-lea/

En todo caso, me quedó para siempre la idea de que podían existir libros cuya lectura podría constituir, efectivamente, un duro golpe a las creencias o la psique de quien lo leyera, un libro que alterase el cerebro incluso a nivel neuronal.

“Visión ciega” de Peter Watts, si bien no tiene la pretensión casi ocultista de las obras de Hubbard, si que es un libro peligroso en ese sentido, casi como todo lo que había podido leer de este autor en la estupenda antología que publicó la (tristemente cerrada) editorial de libros electrónicos Fata Libelli, bajo el título de Ad Astra – Cuentos de ficción científica.

Y es que Peter Watts, como biólogo marino, sabe de lo que habla. Y básicamente, de lo que habla es del hombre, del ser humano y su “auténtica” naturaleza, aquella que los científicos están apenas descubriendo y que no se parece en nada a lo que hasta ahora hemos considerado éramos los humanos.

La novela podría (ojalá) simplificarse como una novela “de primer contacto”. Como se lee en la contraportada, un buen día del futuro la Tierra entera aparece cubierta por miles de sondas que registran toda su superficie, a manera de fotografía global. Nos enteramos así de que no estamos solos en el universo, y de que el origen de las sondas esté en los linderos de nuestro sistema solar, a donde se envía una nave… integrada por una peculiar tripulación.

Y es aquí donde acaba cualquier similitud con otras novelas del género. La tripulación de la nave Teseo es humana, pero cada uno de sus integrantes es un caso psiquiátrico, especialmente desarrollado para el éxito de la misión. El líder es un vampiro (sic), resucitado del pasado terrestre merced a la ingeniería genética. El protagonista aparente es Siri Keeton, a quien le falta medio cerebro y puede establecer correlaciones y pautas de comportamiento o lenguaje, sin manifestar mayor personalidad. Otra tripulante tiene cuatro personalidades, y así. A su vez, los extraterrestres contactados son eso, alienígenas, seres evolucionados en otro entorno, con otras motivaciones y con otras actitudes frente a su propia existencia y frente a lo que sería alienígena para ellos, es decir, nosotros, los humanos.  No son humanos disfrazados o trasuntos de nuestras proyecciones. Peter Watts se ha dado el gran esfuerzo de investigar, como leemos en los apéndices añadidos a la novela, en los campos de la biología, la neurología, la psicología y otras materias no muy inteligibles, ni siquiera para el propio Watts, como el mismo se encarga de precisar. El inevitable enfrentamiento entre humanos y extraterrestres no es sino una extraña sucesión de revelaciones… respecto a la naturaleza humana, nuestro lugar en la cadena evolutiva, y lo peor de todo, si nuestra “personalidad” no es más que un accidente, una rémora de la cual carecerían otras especies inteligentes, frente a las cuales tendríamos la misma relación que tiene una presa con su predador.

Una novela que ha remecido el ámbito de la ciencia ficción.

Colofón: tras la lectura de “Visión ciega”, conversé sobre muchas de las teorías que aparecen en el libro con mi hijo Piero, quien estudia Psicología. Le pregunté cómo las veía el desde su futura profesión, si lo que llamamos personalidad no es más que un accidente evolutivo, qué trascendencia o destino tendría cualquier acto humano. Me expresó que eran teorías muy interesantes, pero que a lo más el las trataba como meras especulaciones. “Los psicólogos orientamos a la gente para que sean felices”, o algo así. “Si partimos de la intrascendencia humana, no podríamos apoyar a nadie”. Me emocionó mucho esa respuesta, equivalente para mí a horas de terapia. 

 

Cielos de la Tierra / Carmen Boullosa

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La novela recurre a un interesante artificio narrativo, muy similar al de “Claridad tan obscura” del escritor peruano Carlos Herrera, novela en la cual los sobrevivientes de una catástrofe mundial, encerrados en un ignoto refugio, reflexionan en torno a diversos temas, mientras que uno de ellos encuentra una biografía novelada del misionero jesuita Antonio Ruiz de Montoya. La situación original se convierte en un pretexto para la lectura/narración de la biografía, la cual se convierte en el tema principal de la novela.

En “Cielos de la Tierra”, hay tres momentos (pasado, presente y futuro) narrados desde el punto de vista de algún personaje. El pasado consiste nada menos que en el período de tiempo inmediato a la conquista de México, narrado por un cronista singular, un indio noble llamada Hernando de Rivas, perteneciente a la primera (y acaso última) generación de estudiantes del Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco, interesante pero fallido experimento de asimilación cultural: a Hernando de Rivas se le imparte la mejor educación posible, que no puede aprovechar de ninguna manera por su condición de indígena. Sus alocuciones en latín, por ejemplo, son tomadas como meros ejercicios mnemotécnicos, sonidos que podría hacer una urraca o un perico. El presente, apenas dibuja a una investigadora que ha rescatado para la posteridad el manuscrito de Hernando de Rivas.

¿Y el futuro? Un mundo devastado en su superficie, en el cual se sitúa la Atlántida, llamada a veces l´Atlantide, en la cual mora Lear, la última depositaria y lectora del manuscrito de Hernando de Rivas. Un futuro lleno de tecnologías a veces incomprensibles, y que en un principio parece un mero decorado, una piedra de toque desde la cual leer el texto de Hernando de Rivas. Pero hacia la mitad de la novela, Lear y su mundo futuro cobran un singular protagonismo: se suscita una suerte de revolución que se basa nada menos que en la abolición del lenguaje y la memoria. Y en este punto, la novela, publicada en 1997, deviene en premonitoria: Lear observará con horror y desesperanza que sus coetáneos caen en un estado peor que la barbarie, puesto que sin lenguaje ni memoria, la actividad cerebral deviene en mera reacción. La descripción que se hace de esta nueva humanidad, precisamente, no parece diferir de nuestra creciente ansiedad en torno a las redes sociales y al uso perpetuo de aparatos como los smartphones. La comunicación reducida a gruñidos y gestos, incluso signos simplificados similares a los “emoticones”, la existencia convertida en una mera expectativa de estímulos externos, y la sensación de impotencia de Lear frente a esta transformación (similar, por cierto, a la desazón de Hernando de Rivas frente al ocaso de su mundo), hacen de “Los cielos de la Tierra” una novela de sorprendente actualidad.

(Actualización del día 13 de febrero de 2018: La versión en Inglés de esta novela figura como precandidata al Premio Hugo 2018, según información proporcionada por Alberto Chimal en el artículo “La lista de Hugo Gernsback“, publicado en el magazine Literal – Latin American Voices/Voces Latinoamericanas)